<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659</id><updated>2011-04-22T01:26:58.443-03:00</updated><title type='text'>Escrito en la ventanilla</title><subtitle type='html'>V:-“¿No es curioso cómo la vida deviene en melodrama?

Lo es todo, la perfecta entrada, la gran ilusión, lo es todo, y voy a armar un buen espectáculo. Verás, han olvidado el  drama, abandonaron sus textos, cuando el mundo se marchitó bajo las candilejas nucleares. Voy a recordárselo. El melodrama. Los folletines y los seriales. Verás, el mundo entero es un escenario y todo lo demás... es vodevil”</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>50</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-3243925949828522721</id><published>2008-09-01T09:11:00.002-03:00</published><updated>2008-09-01T09:14:41.003-03:00</updated><title type='text'>It’s time to go away. (El adiós)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hace un poco más de tres años vi &lt;em&gt;Eterno resplandor de una mente sin recuerdos&lt;/em&gt; y en aquel momento pensé que si alguna vez necesitaba esconderme cobardemente tras un seudónimo ése sería Clementina. Hace un poco más de tres años, había maní japonés sobre la mesa del comedor y desde el escritorio yo intentaba escribir las líneas de lo que sería “Juguete Rabioso”, aquel lejano primer post. Y así fue como empezó todo esto. Hace tres años la palabra blog no figuraba en la tv, y por supuesto tampoco todas sus variantes de faunas inclasificables incluso para la fiebre taxonómica actual. En aquel momento el decir que tenías un blog iba acompañado de una explicación de qué era un blog. Hoy todos lo sabemos y en ocasiones nos avergonzamos en secreto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un principio los posteos fueron auto referenciales, es decir, todavía no lograba adaptarme a la libertad del anonimato ni al medio, por lo que trataba de contar tales vivencias al respecto. Hasta que más tarde Escrito en la ventanilla fue transformándose en una pequeña e ignota vidriera de impresiones de lo que en aquella época (es que de verdad siento que pasó mucho tiempo) causaba algún tipo de conmoción en mi perspectiva impulsándome a tratar de darle a eso una forma letrada y virtual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí Escrito en la ventanilla a fuerza de insistencia. Porque en aquel entonces alguien consideraba que yo debía tener un medio para desarrollar alguna que otra idea. Así fue como ese alguien, “el emisario”, quien traspasó la frontera de los nombres como la persona más importante de mi vida (y ya sabemos como son las cosas importantes), no solo armó el blog sino que le puso el título que hoy tiene. Traigo para ilustrar desde el segundo posteo el breve párrafo que da una explicación a tal detalle: Una vez hace mucho, probaba un cassette en un grabador de mano. La verdad es que siempre me intimidó inmortalizar la voz en algún sitio y más si se trata de palabras improvisadas. Entonces tomé un libro de Bukowski y grabé las primeras líneas de un relato. “Escrito en la ventanilla”. Cuarta frase antes del punto. “Peso neto cuatro onzas” no hubiera estado tan mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día el blog cumplió un año y para celebrar con los cinco o seis lectores que por aquel momento comentaban publiqué, luego de “There she goes again”, el primer relato. Se trataba de “Decididamente suave”, un cuento sobre apartamentos viejos, espuma de afeitar y marquesinas. Y con “Decididamente suave” el blog no sólo se perfiló hacia un camino de intento de relato breve, sino que con él comenzaron a aparecer más lectores que se animaban a comentar. Y eso en un primer momento estuvo bueno, porque sentí que por lo menos mis palabras tenían algún tipo de receptividad, pero luego me di cuenta de que de cincuenta comentarios muy, muy poquitos, realmente exponían algún rastro de lucidez. Entonces la expectativa de la cantidad de comments, mutó en corroborar si esos mismos poquitos de siempre seguían ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No faltó por supuesto el comentador anónimo que se encapricha con un blog e intenta sembrar algún tipo de polémica. Escrito lo tuvo, un sujeto que se hacía llamar Antonio y que le dio al blog su minuto de cumbre más bizarra. Y los relatos de Clementina fueron saliéndose de ella, trayendo a un primer plano las historias, que se revelaban gradualmente, como esos hologramas que hay que mirar fijo y que duran muy poco. Creo todavía en aquella eterna máxima de Wilde: revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte. Clementina no es una artista, por supuesto que no, pero supongo que tal máxima es un tiro libre que pega en el palo de esto que estoy tratando de moldear.&lt;br /&gt;Y un día alumnos de una universidad en México me dicen que un profesor está dando en clase los relatos de Clementina. Gracias por eso Migueleos. Ese detalle excedió mi capacidad de asombro. Y en Buenos Aires un día suena un teléfono y Clementina conoce a D y se regalan una noche sobre el empedrado de San Telmo. Y otro día, alguien se toma un barco desde otro país para conocer a Clementina, y Clementina conoce a Mayfly y ambos tienen la certeza de que la locura nunca tuvo maestro y que Perfect day va a brillar para siempre en la repisa del apartamento que mira al jardín de las avenidas que se bifurcan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escrito en la ventanilla fue una experiencia motivante. Con o sin la certeza del lector cómplice, intenté dar formato de cuento a algunas ideas que de pronto se me ocurrían. Y ese mecanismo de alguna manera performó un estilo de observación y plasmación, obturando mis varias percepciones y ejercitando la técnica que fue para mí la más difícil de lograr: el relato de simplicidad densa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Lo que sé: no siempre soy lo que quiero. De ahí la importancia del disfraz. El disfraz es la verdadera intención. La verdadera voluntad. El disfraz obliga”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, primero de setiembre, decido que Escrito en la ventanilla y Clementina deben morir en primavera. Así es como esto llega a su fin. Guardo en el ropero mi traje de mendigo y los zapatos de estrella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Now if I was an actor or a dancer who was glamorous&lt;br /&gt;then you know an amorous life would soon be mine&lt;br /&gt;but now the tinsel light of starbreak&lt;br /&gt;is all that left to applaud my heartbreak.&lt;br /&gt;It’s time to say goodbye.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Ha sido todo un placer. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-3243925949828522721?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/3243925949828522721'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/3243925949828522721'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2008/09/hace-un-poco-ms-de-tres-aos-vi-eterno.html' title='It’s time to go away. (El adiós)'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-388655603317670355</id><published>2008-08-07T15:05:00.000-03:00</published><updated>2008-08-07T15:06:29.202-03:00</updated><title type='text'>Ella era tan encantadora</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La primera y única Barbie que tuve en mi niñez me la regaló una vecina. Recuerdo que esperé con impaciencia su viaje de ida y vuelta a Australia. Un mes estuvo allá. Mi vecina sabía que si había algo que yo deseaba era una muñeca cuya masa corporal pesara un poco más que el plástico etéreo de mis muñecas de acción habituales. Mi amigas tampoco tenían Barbies por lo tanto nuestro universo lúdico consistía en acostumbrarse a la idea de la rigidez absoluta, porque si hay algo que caracteriza a una muñeca de acción es la total incapacidad de articulación que tienen sus miembros. Nuestras madres, casi solidarizándose con la causa pero sin descuidar el presupuesto familiar que obviamente no incluía visitas a Juguetería del Plata -“la súper juguetería-”, eventualmente querían solucionar el problema de nuestras duras muñecas y nos regalaban otras que nosotras considerábamos aún peores que las que ya teníamos. Eran como una especie de cuerpo cuyas articulaciones se encastraban en pequeños tornillos visibles que permitían una cierta movilidad. Está bien, solucionábamos ese detalle con las nuevas muñecas, ahora podíamos sentarlas en las pequeñas sillitas y sus pantorrillas quedaban perpendicular al suelo y no paralelas a él como antes. Pero lo cierto es que los tornillos de las sustitutas nos alejaban por completo de contexto delicado que queríamos construir para ellas, acercándonos más a la trastienda de un taller mecánico. Un día llegué tarde a la casa de mis amigas y como no había llevado mis propias muñecas me tocó jugar con la suplente. Una que nadie quería, una que siempre quedaba relegada en el reparto inicial de posesiones y roles. A la infortunada le faltaban los brazos. Tiempo después me enteraría que el hermano mayor de mi amiga se los había extirpado en un acto impune de hermano mayor.&lt;br /&gt;El arribo de la Barbie australiana fue una alegría individual pero un problema colectivo. Porque mis amigas pronto empezaron a mirarla con resentimiento y creo que hasta la muñeca sin brazos llegó a sentirse amedrentada frente a la majestuosidad de la extranjera recién llegada. Un día percibí que mis amigas ya no querían jugar, hecho que me hizo reflexionar al menos el rato que duró la merienda de esa tarde. Al otro día aparecí ante mis amistades con mis antiguas muñecas baratas. “¿Y la otra?” me preguntaron intrigadas. “Se volvió a Australia” contesté, mientras la imaginaba adentro de su caja, a oscuras, en el último cajón de mi mesa de luz. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-388655603317670355?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/388655603317670355'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/388655603317670355'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2008/08/ella-era-tan-encantadora.html' title='Ella era tan encantadora'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-7873637815298457342</id><published>2008-07-14T12:42:00.000-03:00</published><updated>2008-07-14T12:43:01.474-03:00</updated><title type='text'>He shot me down</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Volví a brillar. Estoy entre sus manos otra vez. Me gusta como me toca y puedo sentir aunque parezca improbable, que tiene experiencia con las de mi tipo. Me gusta, aunque sé que me va a usar una vez más sin preguntar si estoy o no de acuerdo. Hace unas semanas me subió al auto y me tiró sobre el asiento del acompañante. Desde la ventanilla abierta el viento entraba y me enfriaba de a poco. Y él manejaba muy rápido, dejando atrás a los insectos luminosos de la carretera, y de vez en cuando me miraba y aquellos ojos solo podían hablarme de algo parecido al amor o al miedo. Luego estacionó en algún lugar. Abrió la puerta del auto y me agarró. Sentí su aliento en mí, desesperado. Luego, como un péndulo imposible me dejó colgando entre sus dedos y violentamente me refregó su ropa. Nada quedaba ya de él en mi, cuando escuché desde debajo de la tierra donde me había enterrado, el ruido del motor que se alejaba. No tardó en regresar a buscarme. Todos tenemos miedo de dejar nuestras huellas a la intemperie, incluso yo. Volvió a encontrarme. Volví a sus manos. Abrió la puerta del auto y me guardó en al guantera aún sabiendo lo mucho que me molesta ese lugar común. Desde ahí y con el auto en marcha lo escuché hablar por teléfono con alguien. Repitió una dirección al menos dos veces y luego cortó. Un rato después estacionó y antes de bajar me dio un beso de suerte que lejos estaba de una despedida. Dejó el auto prendido, esperándonos. En la farmacia todos miraban con temor mi radiante plateado entre sus manos de pulso desafiante. Unos minutos después el auto volvía a arrancar. Desde el asiento del acompañante le dije: “esta noche no tengo ganas de matar a nadie”. “No puedo prometerte eso” respondió, mientras volvía a esconderme, una vez más, en ese lugar encantador que queda entre el bajo de su espalda y el borde de su pantalón.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-7873637815298457342?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/7873637815298457342'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/7873637815298457342'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2008/07/he-shot-me-down.html' title='He shot me down'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-3034333186626125034</id><published>2008-06-16T12:45:00.000-03:00</published><updated>2008-06-16T12:47:29.575-03:00</updated><title type='text'>Museo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En la puerta del museo oceanográfico siempre hace frío. Es como si en ese punto de la cuidad el viento decidiera no rendirse nunca. Muchas veces me refugié entre las inmensas columnas que lo sostienen y fui, por momentos, una solitaria reina de ajedrez sobre baldosas en blanco y negro.  La estructura, que parece haber sido construida por algún excéntrico capricho, se levanta en medio de la calle justo entre lo que alguna vez se llamó “la curva de la muerte” y el cementerio del Buceo. Lo curioso es que la modesta majestuosidad del edificio se disipa al entrar. Adentro los pasillos devuelven un eco de mar muerto que rebota en los grandes ojos de peces disecados. Entonces la presencia del océano se vuelve inverosímil tras recipientes de cristal que contienen latidos de cartón.  En el museo oceanográfico los niños juegan a las escondidas y los funcionarios van detrás de ellos barriendo risas y envoltorios de caramelos.  Las maestras miran la hora porque ya conocen a los bichos de memoria, mientras que otras personas piensan a dónde van a ir cuando se apague la penúltima luz. Salgo con una de ellas. Vamos dejando atrás los pasos que se traga el eco del museo y una vez afuera miramos el agua. Me despide con un gesto y lo veo cruzar la curva rumbo a las rocas. Con la bufanda cubro la mitad de mi cara y miro mis manos que ya están muy frías. Cruzo la curva y me siento cerca de él. “¿Te gustan los peces?” me pregunta.  Antes de contestar le ofrezco un cigarro y prendo uno pensando en los latidos de cartón. “Estos no”, respondo. Un rato después el sol comienza a ocultarse justo detrás de la torre del museo como en un atardecer de cuento fantástico. Ya casi no hay luz cuando al alejarme me doy vuelta y  veo su espalda.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-3034333186626125034?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/3034333186626125034'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/3034333186626125034'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2008/06/museo.html' title='Museo'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-7642522020972773658</id><published>2008-05-13T15:11:00.000-03:00</published><updated>2008-05-13T15:12:36.848-03:00</updated><title type='text'>Te gusta estar intrigante, bueno, eso es importante.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Al principio no me di cuenta. El hecho de la vidriera sobrevino algunos meses después. Cuando lo vi por primera vez algo inquietante en él me llamó la atención. Estaba recostado contra una pared, iluminado intermitentemente por un foco desatendido del centro de la cuidad. Fumaba en ese momento, y su pose me hizo pensar en íconos en blanco y negro de los años cincuenta.  Lo miré fijo durante algunos segundos y luego me perdí entre la gente. La relación comenzó un poco después. Algo en sus ojos me hacía pensar en la posibilidad de un inminente final, pero sin embargo sus palabras, fieles intentos de correspondencia, contrarrestaban de algún modo mi impresión. Un día empecé a advertir que los espejos ejercían en él una influencia considerable. Mi protagonismo de mujercita prodigando encantos comenzó a desvanecerse a la par de su propia imagen. En un primer momento, y tratando de generar en torno al hecho una cierta comicidad que desmitificara su insipiente narcisismo, empecé a llamarlo Dorian. Claro que automáticamente me convertí en la Sybil de un teatro en ruinas. Fue una mañana, al despertarnos, cuando advertí su primera transformación. Exhibían sus ojos la rigidez de un pájaro sin alas, con un brillo especial que solo podía remitirme a mis antiguos muñecos de la niñez. Su piel, antes pálida y opaca, de apoco fue adquiriendo un brillo plastificado y sus extremidades fueron perdiendo su articulación natural. Su casa la había convertido en una habitación de espejos, laberintos que le devolvían a cada paso el nuevo cuerpo en que se había convertido. Un día me fui y no quise volver. Pero regresé mucho tiempo después y él ya no estaba. Los espejos tampoco. Ayer lo volví a ver. Detrás de una vidriera, inmóvil y brillante, casi como una réplica sin aura de James Dean. Me acerqué para verlo de cerca. De su ropa colgaban cartelitos. Cada uno tenía un precio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-7642522020972773658?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/7642522020972773658'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/7642522020972773658'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2008/05/te-gusta-estar-intrigante-bueno-eso-es.html' title='Te gusta estar intrigante, bueno, eso es importante.'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-7856112062448374064</id><published>2008-04-04T13:53:00.000-03:00</published><updated>2008-04-04T13:56:00.767-03:00</updated><title type='text'>Un hombre puede llorar</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;Me contaron de un hombre que no conocía sus propias lágrimas. Sabía que en muchos momentos tuvo ganas, pero jamás tuvo la posibilidad de experimentar la sensación física y visible que provoca todo llanto.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Nació con un problema en los lagrimales, aspecto no menor que determinaría luego algunas cuestiones significativas de su vida. Un día conocí al hombre sin lágrimas. Tenía los ojos azules, y tan secos como un mar de collage hecho por un niño. Y el hombre sin lágrimas resultó ser un hombre triste. De esos que no necesitan expresar ningún tipo de penas, sino que las exhiben sin saberlo, como quien lleva un papel burlón pegado en la espalda. Creo que nunca supo que llegué a intuir su tristeza. Un día llegó a contarme que una novia lo había dejado argumentando que su ausencia de llanto era una excusa. Me dijo que la quería de verdad, pero como ni siquiera pudo llorar en el momento de la despedida, lo único que obtuvo de ella fue algún que otro insulto y un “no te quiero ver nunca más” más grande que su resignación. Me dijo que cuando la vio alejarse desde la puerta de su casa hacia la esquina supo que estaba llorando su llanto invisible. Se sentía tan mal que se tocó la cara con la esperanza de sentirla húmeda. Pero no. Sus pestañas seguían ahí, tan secas e inmutables como siempre. Una noche nos encontramos y era yo la que en esa ocasión estaba triste. Recuerdo que lo abracé y le dediqué a su hombro un llanto&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;profundo, de esos con ruidito. Cuando nos separamos mi cara rozó la suya y mi pelo y mis lágrimas se quedaron enredados en su barba insipiente y áspera. Mientras yo buscaba un pañuelo para limpiar la escena del crimen, él solo me miró y me dijo: “es la primera vez que les siento el gusto”. Entendí que era un momento importante, así que no dudé en convidarle todas las lágrimas que me pidió.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-7856112062448374064?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/7856112062448374064'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/7856112062448374064'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2008/04/un-hombre-puede-llorar.html' title='Un hombre puede llorar'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-2691578904578792397</id><published>2008-03-22T21:46:00.000-03:00</published><updated>2008-03-22T21:49:05.474-03:00</updated><title type='text'>Mil</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Las páginas en blanco no son gran cosa cuando es sábado a la noche. Porque ya pasó el viernes por la noche y todos ya hemos mentido bien. Si, ya disparamos. Ahora pensamos en el escritor que antes que nosotros  ha dicho algo lo mejor que pudo.  El sábado sólo nos mira desde el pavimento de la calle. Y los caballos anacrónicos que pasan por ella aplastando metales  contra el suelo, también nos miran. Desde afuera se ve la página en blanco. Y se ven los ojos tristes de un sábado de noche sin ofrendas y del  niño que se cree mago jugándonos trucos que todos conocemos. Todos aplaudimos al niño con la sola intención de hacerlo sentir bien. Porque sabemos lo mal que se siente que todos conozcan nuestros trucos. Es sábado a la noche. Y da lo mismo esto que mil páginas más, todas en blanco.   &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-2691578904578792397?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/2691578904578792397'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/2691578904578792397'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2008/03/mil.html' title='Mil'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-674336170283772169</id><published>2008-03-01T18:24:00.000-02:00</published><updated>2008-03-01T18:27:34.798-02:00</updated><title type='text'>Contratapas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Convengamos, el día en que decidí aceptar este trabajo supe que me estaba condenando para siempre a la ausencia pública de mi propio nombre. Mi jefe de inmediato captó mis aptitudes de buen redactor, sin embargo no fue eso lo que más valoró, sino el hecho de que tengo una inexplicable capacidad de condensar en unas pocas líneas el sentido de cualquier obra.  Mi “fama” es una virtualidad. Miles de lectores alrededor del mundo intuyen que debe existir alguien que realice este tipo de trabajo, pero lo cierto es que a nadie le importa averiguar de quién se trata. Entonces digamos que mi lugar me lo gané desde el más absoluto anonimato y alimenté egos y reputaciones ajenas hasta límites de los que yo mismo no soy conciente.&lt;br /&gt;Cada vez que llego a mi trabajo hay, sobre mi escritorio, no menos de cinco o seis manuscritos que a esas alturas ya están en vías de impresión. Mi ocupación, modesta e ingrata, consiste en escribir las contratapas de los libros. Solo me contratan para las primeras ediciones, pues si el libro en cuestión tuvo éxito y con ello, oportunidad de ser reeditado, mi tarea o bien es rescatada de la primera edición o es simplemente sustituida por fragmentos de críticas periodísticas que hayan aparecido en alguna publicación que legitime su importancia.&lt;br /&gt;Si se trata de una novela de ciencia ficción, por ejemplo, mi misión consiste en delinear algunas frases del estilo: “en un lugar intermedio entre Huxley y K. Dick esta novela confirma la idea de que todavía no se ha escrito la última página del género.” Si se trata de un compendio de relatos de terror siempre es bueno recurrir a los referentes obligados para otorgarle al novel escritor una cierta jerarquía, entonces me queda por sentenciar algo así como “esta colección ofrece a sus lectores las ‘narraciones extraordinarias’ de la ficción contemporánea”. &lt;br /&gt;Eventualmente llegan a la editorial manuscritos que decididamente se merecen una contratapa que traiga a un primer plano la calidad de sus páginas, pero lo cierto es que la mayoría de las veces tengo que esforzarme en inventarle al libro atributos de los que realmente carece. Hace un rato terminé de leer uno de ese tipo. Y estoy escribiendo esto aún sabiendo que tengo que tener mi trabajo terminado dentro de una hora. Mi jefe acaba de venir a presionarme y no pude decirle lo malo y desprovisto del mínimo valor literario que me pareció lo que acabo de leer. Mi trabajo también consiste en hacer de las mentiras un verosímil permanente. &lt;br /&gt;En ocasiones camino entre los pasillos de las librerías y observo a la gente leyendo mis contratapas.  En esos momentos experimento una sensación de estrella muda y sin nombre que no puede hacer otra cosa que no sea seguir escribiendo.  Sí, lo sé. Tengo trabajo pendiente. Encontraré una vez más la forma más encantadora de volver a mentir.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-674336170283772169?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/674336170283772169'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/674336170283772169'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2008/03/contratapas.html' title='Contratapas'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-4557110016402544827</id><published>2008-02-10T19:26:00.001-02:00</published><updated>2008-02-19T09:04:54.768-02:00</updated><title type='text'>Barfly</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Atravieso la puerta y de inmediato vienen hacia mí, como un enjambre caprichoso, las imágenes de todos esos bares. Recurrencias de un humo que parece ser siempre el mismo. Niebla que sobrevuela mesas ocultando caras que quieren ser anónimas. Y pienso que no hay relatos desolados sin bares. El desprecio es un animal de caza que inverna tras la barra. En un bar como este el sonido de vasos es lento y pesado, porque acá las copas no se apuran, se hacen durar para tener la excusa de permanecer. Me gusta imaginar que este sitio es un refugio de perdedores que se equivocaron de senda. Acá los borrachos son de esos que no tienen promesas y que exhiben lo que queda de su suerte con los rastros de implacables dedos amarillos.&lt;br /&gt;Pienso en Tom Waits e imagino canciones que tose un tocadiscos que no existe. Y veo a Jangling Jack en su taburete pretendiendo ser rey en un lugar despojado de fieles. Y Bandini que me mira desde el fondo, no sabe si quedarse con su vaso o con mis piernas. Las cruzo para él, pero no gano.&lt;br /&gt;La barra sucia y pegajosa es el altar de la última plegaria. El dios de ocasión en acto milagroso reparte gotas ásperas. Un poquito de olvido en todas las gargantas.&lt;br /&gt;Arriba la misma luz encarcelada entre insectos que miran distraídos como ángeles sin capas. Allá en el fondo hay un tipo que balbucea historias en busca de atención. Al mirarlo parece entusiasmarse y levanta la voz, tal vez creyendo en que alguien sigue el hilo del relato. El tocadiscos se detiene y el tipo sigue hablando, nadie lo mira excepto yo. Tom Waits atraviesa las mesas buscando líos que solo acabarán con algún que otro vaso náufrago en el piso. Y me vuelvo a ir. Camino despacio hacia la puerta mientras voy dejando tras de mí el humo del cigarro que me protege y los vidrios de una escena casi perfecta. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-4557110016402544827?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/4557110016402544827'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/4557110016402544827'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2008/02/barfly.html' title='Barfly'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-945854782956641521</id><published>2007-12-28T16:52:00.000-02:00</published><updated>2007-12-28T16:56:42.134-02:00</updated><title type='text'>Mr Vértigo.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Y si. En algún momento te das cuenta. Es casi como subirte a un trampolín y contemplar la piscina desde el vértigo. Ver toda esa inmensidad azul y sentir un irremediable deseo de romper la quietud. Pero no tenés ningún objeto para tirar que te permita dimensionar la profundidad. Sabés que sos vos mismo el único objeto que puede comprobar la teoría. Entonces mirás atrás y ves la escalera. Das un paso porque todo lo que dejaste ahí por un momento te ata una cuerda invisible a los tobillos. El trampolín se mueve, pero tu indecisión pronto va mutando en algo de valor. Así que caminás, y ahora no te permitís el lujo de mirar hacia abajo. Cerrás los ojos sabiendo que un paso más adelante no hay nada excepto vos y el nuevo impacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio tuve miedo. Todo lo que se encarrila de inmediato me hace pensar en la posibilidad del accidente. Pero sin riesgo no hay apuestas. Los rieles son tan viejos que la eternidad se asemeja a la piel de un recién nacido. Me subo y cierro los ojos, pero los abro apenas me doy cuenta que empieza el movimiento. La subida es como un arco iris que promete tesoros al final. Bajo tan rápido que ni siquiera pienso en el chirriar impaciente de las ruedas contra el filo metálico. Hay pocas cosas que logran erizarme. El arco iris ya no me debe nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escalera vista desde arriba es como una serpiente dibujada por un profesional. Son tantos pisos y es tan sutil la vista desde acá. Pero el descenso es una condición. Cada escalón que bajo es un golpe de martillo a una escultura perfecta. Escucho cómo se va desquebrajando. La serpiente intenta desplegarse pero antes de que sea aun más tarde vuelvo a subir al punto inicial. Me empequeñezco en la altura, una vez más, a cambio de un poco de belleza. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-945854782956641521?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/945854782956641521'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/945854782956641521'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/12/mr-vrtigo.html' title='Mr Vértigo.'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-1093846556972634928</id><published>2007-12-03T15:28:00.000-02:00</published><updated>2007-12-03T15:47:14.739-02:00</updated><title type='text'>Le hizo crack</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;A fines de los cincuenta José Francisco Sanfilippo jugaba en San Lorenzo de Argentina. Pronto se convirtió en la atracción del equipo y su táctica no tardó en ser reconocida internacionalmente. De San Lorenzo pasó a Boca, donde llegó a jugar al menos dos temporadas manteniendo el mismo rendimiento que lo había consagrado. Sanfilippo o “el nene” (así lo apodaban) era una estrella, acaso tan brillante como lo permitían los reflectores de la cancha. Pero un buen día se fue del club por desavenencias con el entrenador de aquel entonces. La noticia pronto llegó a Montevideo y el Club Nacional de Fútbol fue implacable al hacerle la propuesta al gran jugador argentino. Sanfilippo empezó a entrenar a los pocos días en el Parque Central, lugar donde en aquella época Nacional realizaba sus prácticas. Entrenaba todos los días y sorprendía ver cómo no se descansaba en la comodidad que le proporcionaba una reputación repleta de victorias. Todos los hinchas, aunque ni siquiera fueran de Nacional, sabían que “el nene” Sanfilippo tenía el don de convertir goles “de todos los colores”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el año 64. Nacional se perfilaba como ganador frente a Colo Colo de Chile para poder llegar a la final de La Copa Libertadores de América de ese año y, de lograrla, sería la primera en su historia. Por supuesto Sanfilippo se convirtió en el boleto de empeño, en el depositario de todas las promesas a cambio de la consagración del equipo en el campeonato. Mi padre por ese entonces era un adolescente que se escapaba del liceo para asistir y ver, aunque sea un poquito más de cerca, al jugador que se había llevado toda su admiración. En las frías tardes del Parque Central, el nene Sanfilippo no tardó en registrar la presencia de aquel pibe al costado de la cancha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocurrió en un partido amistoso contra el Vasco da Gama de Río de Janeiro que se llevó a cabo en el estadio Centenario de Montevideo. Mi padre estaba en la tribuna Colombes cuando escuchó, faltando diez minutos para el final del partido, el ruido que se llevaría su alegría y la esperanza de toda la hinchada. Los jugadores de ambos cuadros rodearon nerviosos al jugador tirado en el pasto. Mario Méndez, compañero de equipo, fue el primero en llegar al lugar. Dicen quienes allí estaban, que la imagen de Méndez tomándose la cabeza con ambas manos mientras miraba la pierna de Sanfilippo fue desoladora. La radio transistor había llegado a Montevideo en el año 61, es decir que en el 64 era un lujo de unos pocos el tener una. Mi padre se aproximó, con toda su timidez y su nerviosismo a un hombre que escuchaba a los comentaristas desde una flamante Spica. Cuando mi padre le preguntó si sabía qué había pasado, el hombre se limitó a reproducir una sola frase: “Sanfilippo está quebrado, no juega más”. Las tribunas comenzaron a desdibujarse como relojes de un cuadro surrealista. Mi padre se quedó ahí, inmóvil, escondiendo su cara entre los brazos. Fue tanta la tristeza que probablemente se olvidó del tiempo, de la noche que empezaba a cubrir el estadio como una sábana vieja sobre un mueble sin dueño, y de la ilusión, siempre de cristal. Cuando se incorporó miró alrededor. No quedaba nadie y el silencio en la inmensidad del estadio vacío era una pelota sin perseguidores que vagaba de arco a arco. Vio de pronto a dos personas en la tribuna opuesta. Fueron ellas quienes abrieron la puerta del estadio para que el pibe pudiera salir. Empezó a correr por la avenida Centenario, llevando en la espalda no sólo la tristeza de esa tarde, sino un posible miedo. Llegar a su casa implicaría encontrarse con su padre, hombre de pocas palabras y de acciones severas. Y mientras corría por la avenida rumbo a la calle Urquiza, venía a su mente, tan insistente como las lágrimas de hacía un rato, aquel recuerdo de sus nueve años. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mi padre nació en una familia peñarolense. Pero desde chico fue hincha de Nacional. Su padre, o sea mi abuelo, nunca aceptó la opción de su hijo menor y recurrió a los mecanismos más variados para tratar de que se cambiara de cuadro. Aquella tarde de sus nueve años mi padre estaba sentado en la vereda. Era el único niño de la cuadra que no tenía bicicleta así que se conformaba con pegar alguna vueltita cuando el aburrimiento de los otros niños ganaba por goleada. Mi abuelo fue tajante: “si en el próximo partido gritás ‘Peñarol pa todo el mundo’ te compro la bici.” Y mientras iba rumbeando para el estadio con su padre, se debatía internamente por lo que probablemente era una de sus primeras encrucijadas. Peñarol hizo el primer gol. Mi abuelo le puso la mano en el hombro, inquisidor y amenazante. No hubo bici, ni deseo de tenerla, que pudiera arrancarle a mi padre aquel grito. Y no gritó, no. Pero tampoco habló porque evidentemente la extorsión había superado sus nervios de niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora, cuando ya pegaba la vuelta en la calle Urquiza, sabía que detrás de la puerta estaría mi abuelo, esperándolo desde hacía horas. Actualmente mi padre dice acordarse del dolor que le causó la patada apenas atravesó la puerta. Y esa noche se acostó para recuperarse de ese día. Cuando despertó, su madre hablaba con alguien en el frente de la modesta casa. Se asomó y vio a dos personas vestidas completamente de blanco. “Sí, vive acá” respondió la señora cuando preguntaron por el hijo. Los enfermeros estaban ahí porque Sanfilippo así lo había dispuesto. Cuenta la historia que cuando el jugador volvió en sí en la cama del hospital y vio su fractura expuesta enyesada lo primero que preguntó con toda su porteñez dolorida fue: “¿qué pasa que el pibe no vino a verme?”&lt;br /&gt;Mi abuelo no cedió de inmediato al deseo de Sanfilippo. Pasaron algunas horas antes de que se ofreciera a acompañar a mi padre al hospital. El abuelo, por supuesto, se quedó afuera. Ese año Nacional no salió campeón.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-1093846556972634928?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/1093846556972634928'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/1093846556972634928'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/12/le-hizo-crack.html' title='Le hizo crack'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-8493920235328482111</id><published>2007-11-01T18:11:00.000-02:00</published><updated>2007-11-01T18:17:26.019-02:00</updated><title type='text'>El escritorio</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Apenas dejo mis cosas sobre la cama me quedo inmóvil en la habitación. Roto sobre mi mismo, como si tuviera una cámara en mis manos que necesita realizar un paneo perfecto. Hay pocas cosas en el cuarto. En la pared opuesta a la puerta hay una ventana con una cortina que se mueve de vez en cuando. En ocasiones deja ver un pedazo de mar y la imagen se asemeja a un cuadro de Magritte. Hay además una mesa de luz apolillada que parece sostenerse por puro capricho. El escritorio se encuentra en un rincón, incrustado en una arcada de ladrillos a la vista. Está en el lugar donde debía estar y eso me tranquiliza. El escritorio es pequeño y cuando me acerco a examinarlo puedo arriesgar que fue fabricado hace por lo menos cien años. Carece de cajones pero tiene una cavidad a la que se accede levantando una tapa. Además tiene un agujero, ahora revestido de polvo, en donde antiguamente se colocaba el recipiente con la tinta. Dudo que alguien en este hotel, ni en el barrio, ni probablemente en la cuidad entera, sepa quién escribió sobre este escritorio los versos que serían motivo de consagración. Pero yo sí lo sé. La investigación fue larga y extenuante y en este momento experimento los nervios de quien acaba de hallar un tesoro con las pistas de un mapa desprolijo y borroso. Dentro de un momento, cuando abra la tapa y adiestre ojos de cirujano encontraré lo que nadie conoce. En un primer momento no lo veo. Empiezo a soplar el polvo adherido a la humedad de la madera hasta que por fin, pequeñas letras empiezan a revelarse como si se tratase de una inscripción oculta en medio del desierto. Se trata de un trazo fino y casi ilegible por su tamaño reducido. Probablemente tallado con la punta metálica de la pluma que solía usar. Leo, una y otra vez leo. Parece ser una estrofa y por la métrica sospecho que podría pertenecer a uno de sus poemas publicados. Me siento en el piso frente a él. Son demasiadas las preguntas como para poder arriesgar alguna respuesta. Y sin embargo el escritorio que tengo frente a mi acaba de adquirir estatus de pieza invaluable. Un mueble viejo y corroído que solo llena el austero vacío de un cuarto de hotel barato. Qué le voy a decir al conserje. Cuando le comente que quiero comprar el escritorio va a sospechar y aun desconociendo mis motivos no va a querer deshacerse de él. Basta que alguien demuestre interés por el trasto, para que éste adquiera algún tipo de valor. Robarlo es una posibilidad, pero lo cierto es que sus dimensiones exceden el tamaño de la ventana de Magritte. Sacarlo por la puerta implicaría bajar los tres pisos que me separan de la planta baja. Y considerando la ocurrencia de llegar hasta ahí, no tendría cómo esconder semejante mueble ante las personas que se encuentren en la recepción. Sigo sentado en el piso cavilando, manejando posibilidades. Tengo que irme de acá con el escritorio así que considero la idea menos falible. El conserje me mira sorprendido. Lo supuse. Pero al contrario de mis especulaciones el tipo accede a vendérmelo a un precio que estoy dispuesto a pagar.&lt;br /&gt;En la puerta del hotel el taxita convierte el momento en una escena grotesca. El escritorio no entra en el baúl y el hombre se desespera mientras trata de de encajarlo con brutalidad. Finalmente lo logra. El conserje me despide amablemente mientras cuenta los billetes y yo me subo al taxi camino al aeropuerto. &lt;em&gt;Si me pagaran un millón de dólares por este poema&lt;/em&gt; me fumaría un cigarro riéndome de la oferta. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-8493920235328482111?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/8493920235328482111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/8493920235328482111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/11/el-escritorio.html' title='El escritorio'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-2327807367082971115</id><published>2007-10-13T17:56:00.000-02:00</published><updated>2007-10-15T17:16:11.025-02:00</updated><title type='text'>Desencuentro</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El empedrado de la calle se despliega como un ejército de caramelos sin envoltorio. Adentro el piso de madera lustrado a espejo es lo más generoso de la noche. Reparte sin escatimar las pisadas de tacos imitación charol. “Sos joven pibe, pa que te guste el tango”, me dice una persona apenas me acomodo en la barra. Lo miro. Es un veterano que parece estar ahí desde siempre, observando la pista y la diversión ajena con el desdén obligado de un faro.&lt;br /&gt;Allá en los corredores de mis nueve años estaba el tocadiscos del abuelo. Yo corría remontando cometas en miniatura y pasaba una y otra vez por delante de aquel artefacto. Y el abuelo, desde su sillón, levantaba la vista y me advertía que eso no era un juguete, cosa que supe más tarde, el día en que me pinché un dedo con la púa y no dejó de sangrar hasta la nochecita. Al abuelo le gustaban Gardel y Julio Sosa, a mi no. Demasiado galanes, demasiada sonrisa de perfil. A mi me gustaban las voces más ajadas. Necesitaba creer en la idea del perdedor y de la senda, antes que en la del malevo. &lt;em&gt;Estás desorientado y no sabés que trole hay que tomar para seguir&lt;/em&gt;. Ese es un tango triste y sincero, aunque recién ahora me doy cuenta que está escrito en tercera persona. El tango es orgulloso pero dice. De pronto advierto que el hombre de la barra me sigue hablando. Ahora me ofrece una copita de algo que no identifico y mientras, me arenga para que saque a bailar a la “petisa”, medias de red con cliché de flor triste alrededor del cuello. Y yo la miro a la petisa, pero mis limitaciones de bailarín coartan cualquier posibilidad de abordaje. Entonces apuro la copita en la garganta y pido otra para tomar valor. Y mientras me voy convirtiendo en aprendiz de faro, vuelvo a los corredores y veo de pronto al abuelo tarareando Grisel. &lt;em&gt;Tu ilusión fue de cristal, se rompió cuando partí, porque nunca más volví, que amarga fue tu pena. No te olvides de mi, de tu Grisel, me dijiste al besar el cristo aquel.&lt;/em&gt; Cuando el abuelo se murió, la abuela se apoderó del tocadiscos como si se tratase de un objeto cultual. Me acuerdo que en esa época se le dio por fumar. Estímulos simples que aproximan recuerdos. El mismo olor de ahora es el de aquel entonces. Cigarrillos negros. La abuela se acomodaba en el sillón que había sido de su esposo, ponía el disco en el aparato y una vez terminada la canción volvía a colocar la púa sobre el mismo surco. &lt;em&gt;Tus ojos se cerraron y el mundo sigue andando, tu boca que era mía ya no me besa más. Se acabaron los ecos de tu reír sonoro y es cruel este silencio que me hace tanto mal.&lt;/em&gt; Me acuerdo de las lágrimas de la abuela cuando escuchaba esa canción, y me acuerdo de mí mismo pensado en que había un tango para cada momento. Entonces tengo que pedir otra copa, porque el valor acaba de ser la infortunada apuesta de mi fracaso. &lt;em&gt;Como perros de presa la pena traicionera&lt;/em&gt;. Y mientras sigo en la barra empiezo a silbar esa canción. El sin sentido del homenaje póstumo. “Sos de los tristes…”, me dice el veterano, pero yo que ya estoy demasiado borracho para levantarme a la petisa en arte de seducción impostada solo lo miro y apoyo el vaso contra la madera con convicción de última vuelta. Luego me voy. Adoquines, caramelos y ejércitos. Vuelvo a casa silbando, tratando de imaginar si aquella púa insistente hará sangrar mis manos otra vez. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-2327807367082971115?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/2327807367082971115'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/2327807367082971115'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/10/desencuentro.html' title='Desencuentro'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-5360091589026126942</id><published>2007-09-28T16:46:00.000-03:00</published><updated>2007-09-28T16:48:23.393-03:00</updated><title type='text'>Muy buenas noches Cuidad Inmortal.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Pasaron siete años desde la última vez que viajé a Buenos Aires. En aquella ocasión todavía no había cumplido los dieciocho, razón por la cual mis padres tuvieron que ir de apuro a tramitar el permiso de menor. Finalmente viajé. El motivo no era otro que ver a Bunbury. Y no solo lo vi en concierto presentando el Pequeño Cabaret Ambulante, sino que me di el gusto de subir los veintitrés pisos del hotel Panamericano y conocerlo personalmente, entrevista de por medio.&lt;br /&gt;Descubrí a Héroes de Silencio cuando ya hacía dos años que se habían separado. Me acuerdo que esa mañana mi hermana se levantó antes que yo y antes de irse del cuarto puso un disco que le habían prestado. Escuché entonces desde la cama los primeros acordes de La Sirena Varada y fui directo a encontrar el disco para saber de qué se trataba. Cuando vi la foto que acompaña el arte de tapa de El espíritu del vino recuerdo que me reí de aquellos tipos sobrecargados con postura de roqueros barrocos. Sin embargo volví a poner play. Yo en ese entonces tenía quince años, y lejos estaba de saber que mi gusto por los héroes se extendería hasta hoy. Gracias a ellos me entero que Bunbury es un nombre artístico extraído de una obra de Oscar Wilde lo que me lleva indefectiblemente al El Retrato de Dorian Gray, libro que está entre mis preferidos. Me acerco a los poetas malditos y descubro que Las flores del mal es uno de las cosas que salvaría si mi casa ardiera en llamas alguna vez. Entonces un día mis padres me tramitan el permiso y me voy a ver a Bunbury con la convicción adolescente de cumplir un sueño.&lt;br /&gt;Siete años después un amigo me comenta al pasar que se juntaban los Héroes. Desestimé sus palabras argumentando que posiblemente se trataba de un rumor. Pero no era un rumor. La única banda que había sobrevivido en mis preferencias el paso de diez años se juntaba y tocarían en Buenos Aires en setiembre. En marzo compré las entradas, y esa certeza se convirtió en  mi reserva de alegría en un año de esos que una considera olvidable, excepto por algún que otro motivo.&lt;br /&gt;Así que el pasado diecinueve de setiembre me fui con un gran amigo a la reina del plata con la entrada en el bolsillo y una emoción que ni un escultor de palabras podría moldear.  Buenos Aires es una ciudad increíble. Con un ritmo que agobia pero que atrapa al mismo tiempo. Mientras esperaba en cada cebra para cruzar la calle, no llegué a ver un dinosaurio proyectado en una pantalla de tecnología inaccesible, pero nunca dejé de sentirme un personaje de Lost in Traslation. Entonces empezás a comprender por qué los porteños no pierden la capacidad de asombro en su propia cuidad. La hospitalidad y la onda de la gente hacen que recuerde cada cara con la que interactué. En un bar me echaron delicadamente porque estaban cerrando. Sin embargo al otro día volví y la moza que se acordaba de mi me ofreció sus disculpas y una recompensa. Modestamente le pedí un vaso de agua, y me regaló uno con gas. El agua es cara en Buenos Aires.&lt;br /&gt;Vas caminando por la feria de San Telmo, en donde todos los precios están pensados para ser pagados en euros y de pronto te encontrás con una mina que sostiene un cartel: “abrazos gratis”. Entonces fui y la abracé. Y fue un abrazo lindo acompañado por una sola frase: “que estés bien”. Entonces seguís caminando con la energía de un auto de fórmula uno que paso por los boxes. Y el abrazo de un desconocido no te hace sentir como un extraño.&lt;br /&gt;Y de pronto me meto en un mercado de pulgas y por fin encuentro el póster de Pulp Fiction que vengo buscando hace años. Voy y lo compro sin pensarlo, y cuando me estoy yendo la dueña del lugar se me acerca y me obsequia un imán de Pulp Fiction a tono con el póster. Todavía faltaban unas cuadras para el abrazo gratis, pero el gesto ya me había dejado más que contenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces llegó mi gran noche. En Buenos Aires las distancias son largas, motivo por el cual tardamos en llegar al Club Cuidad una hora en taxi. Y los tacheros son como Sofistas motorizados que empiezan a desgranar un discurso corrosivo y sorprendente. El tipo que nos llevó a ver héroes abrió la conversación recomendándonos una calle en la que se podían encontrar objetos de audio a un precio accesible, por supuesto previamente robados. Y el tipo no paró. Un monólogo que se me figuraba stand up. “Kirchner corta el queso y unta el dulce, no sabés pa dónde mira el hijo de puta” “Maradona es una rata, mala gente. Es un secreto a voces” “Tévez es tan feo que cuando nació la madre le daba el pecho de espaldas” fueron algunas de las máximas que me acuerdo, entre todas las que nos regaló su verborragia con olor a gasoil. Y mientras iba escuchando todo eso, miraba el reloj con impaciencia porque en teoría faltaban diez minutos para el comienzo del recital y nosotros estábamos a 30 cuadras del mismo. Finalmente llegamos, y llegamos en hora. Agarré a mi amigo de la mano. Empezamos a caminar por las carreteras valladas entre la multitud y mientras dábamos pasos ansiosos toda la emoción que tenía acumulada se convirtió de apoco en un nudo en la garganta que derivó en un par de ojos vidriosos. Mi amigo en un momento me pidió que lo soltara porque le dolía la mano por lo fuerte que lo estaba agarrando. Entonces la multitud fue tapando los espacios vacíos del cubre césped, y mi silencio fue el cómplice de los miles de pensamientos por minutos que me venían a la cabeza mientras miraba aquel escenario vacío. En la previa pasaban música, y tuve el gusto de escuchar al hilo Girl you`ll be a woman soon, Where the wild roses crow de Nick Cave y London calling. Y de repente se apagan las luces y vuelvo a agarrar a mi amigo de la mano. Dos pantallas empezaron a proyectar la silueta de  Juan Valdivia y Joaquín Cardiel con un tema sorpresivo para el comienzo de un show de héroes. Nada más y nada menos que El estanque. Y Bunbury apareció y cantó lo que tenía que decir. Las leyes salvajes que empañan mi huída. A esas alturas yo ya tenía conmigo la certeza de que tarde o temprano siempre me salgo con la mía. Mi perseverancia cuando algo me importa es una aliada que no mostró nunca las cartas.  Y fueron pasando los temas, y la garganta de a poco me fue abandonando en proporción a la alegría que tuve durante más de dos horas y media. Y de pronto La sirena varada. Y luego Bendecida, Deshacer el mundo, Con nombre de guerra, El camino del exceso, La carta, Oración, Maldito duende, Iiberia sumergida, Héroe de leyenda, Avalancha… pedí interiormente Tesoro y la tuve, pedí En brazos de la fiebre y cerraron con ella. Bunbury parecía no poder creer estar delante de tal multitud, tal vez acostumbrado a su etapa cabaret, no dudó en decir que Héroes siempre fue una banda teatral que se había gestado de hecho en un teatro. Y el tipo parecía distendido y habló mucho y contó cosas, y cuando se percató que la única disconformidad del público era a partir de un sonido bajo, calmó los ánimos retrucando: “pero yo canto fuerte”. El show se extendió por más de dos horas y media. Y cuando abandonaron definitivamente el escenario me quedé parada como una diminuta isla en medio de un río de gente que fluía hacia la salida. En ese momento no podía creer haber visto a los Héroes. No podía creer haber cantado cada una de las canciones mientras contemplaba aquel espectáculo. De Buenos Aires me traje ese tipo de recuerdos que uno podría narrar de forma anecdótica una y otra vez con la misma inquietud. Infinitas gracias Mayfly por haber sido un cómplice de lujo y por haber compartido toda la emoción. Ahora solo me queda brindar en silencio y emborracharme, de vino, de poesía o de virtud. En definitiva el camino del exceso debe conducir a algún lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-5360091589026126942?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/5360091589026126942'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/5360091589026126942'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/09/muy-buenas-noches-cuidad-inmortal.html' title='Muy buenas noches Cuidad Inmortal.'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-5287628234370844347</id><published>2007-09-19T15:32:00.000-03:00</published><updated>2007-09-19T15:46:35.843-03:00</updated><title type='text'>Todos mentimos bien los viernes por la noche</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;A veces me gustaría saber escribir canciones. Me gustaría que esas canciones fueran en inglés, será porque es un idioma que no domino como quisiera o porque tengo la sensación de que la misma letra escrita en inglés es precariamente superior a una escrita en castellano. De ahí mi extrañeza. Pero no sé escribir canciones, ni tampoco sé otro idioma. Por eso me tengo que conformar con imaginar un ajuste de cuentas con la idea de &lt;strong&gt;Babel&lt;/strong&gt;. Entonces sigo escribiendo, con frecuencia desconfiando de la punta del lápiz que me ve venir y siento que sospecha. Lo apoyo sobre la hoja, firme como una niña que traza líneas de colores con furia de crayola. Hoy no puedo escribir relatos. No es cuestión de inspiración porque me gusta creer en que no creo en ella. Así que termino pensando que mi estilo se aburrió de mí. No me fuerzo. Tengo un libro ahí sobre la mesa que me está esperando hace días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El libro se llama &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Héroes&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Para empezar un buen título. El autor, &lt;strong&gt;Ray Loriga&lt;/strong&gt;. Tiene nombre de protagonista de serie yanqui de principios de los noventas tipo &lt;strong&gt;Who is the boss?&lt;/strong&gt; Sin embargo no deja de ser un nombre carismático. Empiezo a leer &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Héroes&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; en una clase de literatura latinoamericana. Y cuando me doy cuenta el profesor ya está mandando la pausa, el corte. Yo sigo prefiriendo recreo. Afuera una compañera me pregunta “che, ¿qué leías? Seguro que &lt;strong&gt;El Facundo&lt;/strong&gt; no era…se te veía contenta”. Y yo le contesto que no, que efectivamente estaba leyendo algo que dista lo suficiente de la literatura caudillesca rioplatense del siglo XIX. Entonces me pongo a hablar de &lt;strong&gt;Loriga&lt;/strong&gt;, con la humildad y sabiduría que me acreditaban las 34 páginas que había leído. Cuando uno lee 20 páginas y cierra el libro ansioso por volver como cuando metés la pausa en medio de una película, es porque el libro es decididamente bueno, o al menos, tus grados de emoción están direccionados a su favor. Eso me pasó con &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Héroes&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Una ficción breve y demasiado certera para estados de ánimo con forma de puzzle importado de Shanghai. Si bien el libro es una novela y como tal responde a un hilo conductor que hilvana los capítulos, éstos son tan breves y directos que se pueden leer por separado como una unidad en si. Una vez mirando la serie &lt;strong&gt;CSI &lt;/strong&gt;como si se tratase de una epifanía catódica, descubrí de qué manera los tipos analizan las balas que se usaron con el arma en la escena del crimen. Para eso hay que meter el revólver en una especie de máquina que retiene la munición en un gel especial. Si un día me dispararan no quisiera que la bala me atraviese con velocidad de prueba. Así son los capítulos de Loriga. Trayectoria y forma en un solo tiro. La efectividad de esta novela se apoya sobre todo en el uso que el autor hace de cada frase, justificando a través de ellas la excelencia de un capítulo entero. &lt;strong&gt;Loriga&lt;/strong&gt; no es la revelación de los años noventa, pero sabe frasear con la precisión de las buenas canciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De forma austera aparece la dedicatoria del libro: A &lt;strong&gt;Ziggy&lt;/strong&gt;. Tengo un indicio y ni bien empiezo a leer me encuentro con sus nombres. Allí están &lt;strong&gt;Bowie&lt;/strong&gt; e &lt;strong&gt;Iggy Pop&lt;/strong&gt; y no serán la única vez que aparezcan. De inmediato me acuerdo de &lt;strong&gt;Kureishi &lt;/strong&gt;o de &lt;strong&gt;Welsh&lt;/strong&gt; y de toda la literatura que recurre al estado icónico del rock para generar un background o un anclaje de sentido. Entonces el protagonista de &lt;strong&gt;Héroes&lt;/strong&gt; se convierte momentáneamente en un &lt;strong&gt;Renton&lt;/strong&gt; sin Heroína, subido a la calesita de privaciones y deseos en la que se ha convertido su cuarto. Y sigo leyendo a &lt;strong&gt;Loriga&lt;/strong&gt;. Aunque ahora ya voy más páginas y estoy en la clase de literatura latinoamericana y leyendo me dieron ganas de volver a escribir. Y pienso que &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Héroes&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; es como una gran letra de &lt;strong&gt;The Velvet&lt;/strong&gt; hecha novela y escrita en castellano. Y luego me doy cuenta que mi percepción no debe estar muy lejos de eso. El protagonista sueña con &lt;strong&gt;Lou Reed&lt;/strong&gt;, pero es consciente en su propio sueño de que &lt;strong&gt;Lou Reed&lt;/strong&gt; no tiene ganas de que nadie lo ande soñando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cruzamos los Estados Unidos sentados sobre un vagón de metro amarillo, no tardamos ni media hora. Saludábamos a los niños con la mano. Nos habíamos comido tantas anfetaminas que nuestras cabezas llegaban a las estaciones mucho antes que nuestros cuerpos. Todos tenían historias de amor tristes que contar. Lou Reed viajaba con nosotros, pero no nos hacía mucho caso. Él tenía sus propias historias. Alguien dijo: “deberíamos bebernos su sangre”. El tren iba tan deprisa que no podías escuchar tu corazón agitándose como un taladro neumático. Lou Reed ni siquiera se despeinaba, pero nosotros habíamos perdido nuestros sombreros. Uno dijo: “deberíamos joder con él” Lou Reed se había quedado dormido y soñaba uno de esos sueños extraños que se sueñan cuando estás dentro del sueño de otro. En su sueño el tren era aún más rápido y hacía ya tiempo que había salido de los Estados Unidos. El viajaba solo encima de su vagón de metro amarillo. Iba tumbado sobre el vagón soñando con escapar de mi sueño. Decía: Tío, no dejaré que me toques. He escuchado lo que alguno de los tuyos quería hacer conmigo. Yo le decía: no tengo nada que ver con eso. Pero él se enfadaba aun más y decía: Tío, este es tu sueño, este es tu jodido vagón de metro amarillo y estos caníbales colgados son tus amigos. Yo le decía: Si pudiera soñar lo que quiero, estaríamos tú y yo solos sentados en silencio como los niños que esperan ser amigos. El decía: eso está muy bien tío, suena muy bonito, suena como si llevaras diez años sin echar un polvo, puede que seas un buen chico, pero si todos los buenos chicos me metieran en sus sueños sería como estar muerto. Preferiría que bebieses mi sangre, me jodierais y acabaseis conmigo de una vez. Todos creéis conocerme bien, pero al final todos queréis que cante Walk on the wilde side con la boca llena de espaguetis. Mira chico, mejor déjame comer tranquilo y luego dime cómo coño se sale de aquí. Volé hasta Nueva York después de bombardear mi casa con anillos de plata, le arranqué una sonrisa a un policía que murió desangrado, le regalé una diana al tipo que consiguió matar al Papa, los abrazos de los míos me hacen sentir como un extraño, una vez soñé con Lou Reed, pero no puedo jurar que a él le gustase mucho estar en mi sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;                                                                        ****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía no aprendí a escribir canciones, pero me importa menos que al principio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-5287628234370844347?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/5287628234370844347'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/5287628234370844347'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/09/todos-mentimos-bien-los-viernes-por-la.html' title='Todos mentimos bien los viernes por la noche'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-7199703941902286258</id><published>2007-09-01T17:51:00.000-03:00</published><updated>2007-09-01T17:56:48.274-03:00</updated><title type='text'>Hierro 3</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Entonces un día te despertás y mirás el fondo del vaso. Está vacío, no hay contendido, ni manchas, ni huellas. Está vacío como las sábanas de ahora, retazos de tela llana sin autitos estampados ni inmaculadas Sara k. Empezás a escribir en un papel que dejaste arrugado ayer de noche pero sabés que lo que no fue tampoco será hoy. Lo volvés a arrugar y lo tirás por la ventana. Fantaseás con la idea de que alguien lo encuentre y te imagine, teniendo como pista la única línea que llegaste a escribir. Tu seducción solo admite puntos ceros, limitaciones, epidermis. Pero sabés que no va a ser así. Sabés que nadie va  a agarrar ese papel, sino que se va a juntar con el resto de la mugre que en esa ocasión pase por la vereda. Y sabés también que la frase que escribiste morirá contigo, como verdades absolutas de realeza medieval.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las máquinas de humo nunca habían acaparado mi atención. Hasta ahora. ¿Cuál es la función de una máquina de humo? Un aparato relativamente pequeño, con un interruptor y un orificio por donde sale su producción. Voy a una fiesta y apenas entro la prenden. La máquina de humo es la sustituta del disfraz. Es la máscara del carnaval de Venecia… oculta, altera y seduce  con egoísmo de cuidad sumergida. La máquina de humo no sirve para otra cosa que no sea convertirse en metáfora de sí misma. Si yo tuviera una máquina de humo en mi casa, apretaría el interruptor con frecuencia de estado de ánimo. Eso sí, si me dan a elegir, preferiría que el humo blanco tenga olor a duraznos. Si es a mandarinas, entonces me gustaría probarla en Francia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cajita de música se hizo pedazos el otro día. En esos momentos es cuando mirás al piso y te das cuenta que las cosas lindas son  ciertamente frágiles. Entonces, mientras recojo los pedacitos de espejo y rescato a la bailarina con vestidito de terciopelo a cuerda, decido que nunca más voy a tener cosas tan lindas, porque tenerlas implica saber que se van a hacer mierda en el primer descuido. Ahora la bailarina me mira desde arriba de una repisa. A veces creo que siente pena, y a veces odio. Yo por las dudas la encierro bajo un vaso antes de irme a dormir. No vaya a ser que uno de estos días toda la belleza que alguna vez rompí intente vengarse solapadamente.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-7199703941902286258?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/7199703941902286258'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/7199703941902286258'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/09/hierro-3.html' title='Hierro 3'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-1129477578333271238</id><published>2007-08-13T22:25:00.000-03:00</published><updated>2007-08-13T22:26:32.440-03:00</updated><title type='text'>Disfraz</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Dejé el lápiz de labios sobre el cajón de madera que desde siempre ofició de improvisado camarín. La precariedad de todo aquello era un lujo de sofisticación premeditada. Nuestro público era pobre, comían para vivir, sembraban para comer y, de vez en cuando, se permitían atender una cierta necesidad de esparcimiento.  Y en medio de eso, en un lugar apartado de las humildes casitas nosotros habíamos armado el escenario que se levantaba sobre el pasto seco como un inmenso girasol de madera. Con el tiempo fui ganándome mi lugar sobre aquellas tablas contaminadas de moho, acostumbrándome de a poco a ser la estrella de un teatro del olvido, maquillándome la piel con colores sin definición. Antes de salir a escena, espiaba con vicios de actriz al público desde atrás del telón de arpillera. Caras cansadas, pieles erosionadas por el aire y ojos desafiantes, impenetrables como espejos. Nunca me amedrenté. Cuando llegaba mi hora yo salía y hacía lo mío como si en ello se fuera lo único que podía empeñar. Al terminar mi acto, recogía los aplausos como la noche recoge sus limosnas brillantes y luego desaparecía tras el telón. Nunca había conocido la superstición como la conocí en aquel teatro ambulante. Colgaban los amuletos en las carpas que lo rodeaban, y no faltaban los actores que antes de salir a escena susurraban para si breves versos ahuyentando cualquier posibilidad de mala suerte. Fue una de esas noches. Un taco me traicionó quedando caprichosamente enganchado entre una abertura del escenario. Tablas gastadas. Mientras intentaba desesperadamente desengancharme sin colgar mi disfraz de pretendida elegancia, escuché desde el público una carcajada y luego otra y otra, hasta que comprendí que la actriz se había transformado de pronto en objeto de burla, exiliada en el suelo, pero sin alas.  Cuando levanté la cabeza y los miré, comprendí que hay pocas cosas tan peligrosas como la muchedumbre. Con un poco de esfuerzo logré extraer el taco del corroído tablón, me paré y realicé el mutis por el foro más excepcional de mi vida. Nunca, desde que había decidido irme con el teatro, había abandonado el escenario con tantos ademanes de suficiencia. Pero fue en ese mismo momento, mientras me acercaba a las periferias oscuras de la escena, cuando vi, en medio del público, un par de ojos que me observaban serios y cómplices. Supe esa noche que en las ocasiones siguientes saldría actuar para una única persona. A partir de ahí empezó el nerviosismo de principiante y el vértigo de preferir un solo gesto perdido entre le humo a decenas de aplausos. Ya no pude pensar en otra cosa. Mientras me maquillaba delante de aquel espejo sucio, delineaba mis ojos y retenía los suyos en una imagen perversa y seductora. Sentada sobre un banco enclenque, dejé el lápiz de labios sobre el cajón de madera que desde siempre ofició de improvisado camarín y salí a buscarlo.  Me acerqué al grupo de casitas como un lobo atravesando el pasto. Aquel público, ahora disgregado, abandonaba sus tareas para verme pasar como una especie de milagro sin disfraz. Ojos y más ojos clavados en mi nunca con la insistencia de aquel taco pero yo no encontraba los que había ido a buscar. Apenas si guardaba mi mente palabras que me ayudaran a describirlo en busca de pistas. Seguí caminando hasta que el perímetro de casitas se terminó y me encontré nuevamente sobre el pasto seco. Una mano me agarró del brazo bruscamente. Me asusté, pero sin darme vuelta supe que aquel extraño era el dueño de aquellos ojos. No nos dijimos nada y percibí en sus movimientos una mezcla de abandono y seguridad. Me corrió el pelo hacia un lado dejándome un hombro al descubierto. Se acercó despacio y entendí que me estaba oliendo, respirándome la piel en bocanadas que volvían a mí entrecortadas. Quise darme vuelta para mirarlo pero me corrió la cara. Sentí que se alejaba por el pasto. Me quedé ahí, parada e inmóvil. La mejor puesta en escena  que jamás imaginé había terminado hacía breves instantes. Me di vuelta y vi un contorno que se perdía cerca de un horizonte inventado, línea de ficción. Volví al teatro y me maquillé apurada para salir y regalarle mi mejor actuación. Esa noche no estuvo, ni la siguiente. Nunca dejé de actuar para aquel par de ojos. Si empiezo a desconfiar de mi suerte, estoy perdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-1129477578333271238?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/1129477578333271238'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/1129477578333271238'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/08/disfraz.html' title='Disfraz'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-5423485517856157684</id><published>2007-07-16T16:03:00.000-03:00</published><updated>2007-07-16T16:08:18.244-03:00</updated><title type='text'>Fantasma antes de irte  (Intermezzo de no ficción II)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span &gt;La noche que se llevaron a la abuela supe que la casa quedaría vacía al menos por un buen tiempo. Ese vacío que parece soplar por las hendiduras de las ventanas, que susurra en los oídos de los habitantes que alguien ya no está, pero que parece respirar en nuestra nuca como un ser invisible. La casa de la abuela queda exactamente debajo de mi casa. Ambas comparten el fondo y a través de él se puede tener acceso a cualquiera de las dos. La abuela no volvió esa noche, ni la siguiente. Murió unos días después respirando el éter de un hospital. Y allá abajo quedaron los objetos, testigos mudos que parecían gritar y llorar a su dueña. Nadie quería bajar a la casa. El lugar se fue convirtiendo de apoco en un museo que exponía con tristeza eso que ya no era de nadie. Unos días después mi madre, la única hija que la abuela había tenido, tuvo que hacerse cargo de la situación. La acompañé, atando entre cordeles el miedo que me provocaba atravesar la puerta de la casa de abajo. Entramos por el fondo. Bajamos la escalera en la que tantas veces la abuela había caído. Todo hablaba de la abuela, pero no era tiempo de llanto sino de acción. Cuando alguien se muere, y por algún motivo siempre pienso en esto, existen personas encargadas de sacar a la luz secretos que por algún motivo habían sido precisamente eso: secretos. Entonces, en ese momento junto a mi madre experimenté una sensación de usurpación. Abrimos los cajones de la cómoda. Lo primero que vi fue el viejo alhajero que la abuela me prestaba cuando yo era chica. Me encantaba desparramar sus alhajas y colgármelas como supongo lo hacen el resto de las niñas de este mundo. Agarré el alhajero y lo abrí. Cada cosa fue un recuerdo distinto y delimitado. Ese recipiente era definitivamente mi punto de unión con la abuela. Mi madre me preguntó si lo quería, y por algún motivo dije que no. Encontramos más tarde un diario íntimo. Me pregunté si mi abuela habría tenido en cuenta que un día se iba a morir y que sus cosas quedarían a la deriva de quien las encontrara. Pero la abuela ya no estaba, y yo tenía su diario en mis manos. No lo abrí, pero lo guardé y se lo entregué luego a Hermana Mayor, tal vez con la certeza de que ella lo guardaría como un documento familiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco la casa de abajo se fue vaciando. Cuando ya no hubo nada cerramos la puerta de lo fondo y ya nadie volvió a bajar. Fui yo la primera que se animó en cierto modo a desmitificar la casa. Organicé una reunión y la reunión se hizo. Éramos pocos. Nos sentamos en el piso a escuchar atentos como el eco de nuestras propias voces nos cortaba la cara. Mi hermano, que siempre fue el más escéptico a creer en ciertas cosas, se fue poco a poco adueñando del lugar. Sin embargo, todos en mi familia sabemos que debajo del piso de casa hay paredes que no se resignan a ser simplemente paredes. Unos días después de la muerte de la abuela mi hermana prendió la luz del cuarto sobresaltada en plena madrugada. Me desperté y la vi angustiada. Entre lágrimas me dijo que le había parecido escuchar un lamento a través de una columna que atraviesa nuestro cuarto y que termina en el cuarto que era de la abuela. En ese momento pensé en sugestión pero tiempo después empecé a recordar con más frecuencia ese episodio. Parecía como si la abuela no se quisiera ir. En otra ocasión escuché a mi madre agitada subiendo las escaleras del fondo. Me contó que mientras tendía la ropa le pareció ver a la abuela que la miraba tras la ventana de la casa. Se refregó los ojos pensando que el sol del mediodía la había encandilado, pero cuando volvió a mirar la abuela seguía ahí. En ese momento no pude creer lo que mi madre trataba de narrar, hasta que un tiempo después fui yo misma la que miró dos veces y vio, como un espejismo imposible, a la abuela sentada en su silla. Nos hicimos a la idea. No faltaron los amigos y familiares que decían experimentar una energía extraña en la casa de abajo. Sin embargo ninguno podía dar testimonio de haber vivido en el lugar una experiencia poco común. Esa regla dejó de ser así, el día en que mi mejor amigo se paró bruscamente del sillón en donde estaba sentado, y con los ojos llenos de lágrimas y la garganta asfixiada se aferró a la reja desde el lado de adentro pidiéndome que por favor lo dejase salir. En los años que llevamos de amistad esa fue una situación en la que realmente lo vi nervioso. Por un instante pensé que podía tratarse de una broma, pero sus ojos vidriosos hicieron que atinara a buscar las llaves de inmediato. Mientras yo le preguntaba a mi amigo qué era lo que había sentido y por qué se había puesto tan mal, él me dijo que por favor cerrara la ventana que estaba a nuestras espaldas porque seguía sintiendo eso que denominamos una “presencia”. Le creí a mi amigo. No dudé de lo que me decía ni un solo momento. Cómo hacerlo, si yo, apenas un rato antes de que tuviéramos que salir de la casa, había experimentado una suerte de miedo inexplicable que se había materializado en un atípico frío en la espalda improbable para los 30 grados de esa noche de diciembre. Volví a pensar en la abuela. Mi amigo nunca más volvió a la casa de abajo y yo estuve muchos meses sin atravesar esa puerta. La casa había empezado a ganarnos. Ya pasaron casi dos años desde ese episodio. Nunca más volvió a pasar algo como lo que sucedió esa noche, pero el recuerdo persiste y se hace presente sobre todo cuando me quedo sola. En esas ocasiones es tan fuerte la sensación de compañía que me tengo que ir hasta que algún amigo aparezca. Supongo que la abuela nunca se terminó de ir, esperando tal vez que alguien vuelva a guardar sus cosas en una antigua cómoda que ya no existe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;NOTA: Este post es el resultado de un juego experimental con Hermana Mayor &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://quienapagolaradio.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Lois&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;. Partimos de la consigna de “escribir sobre el fantasma”, sin saber qué había redactado cada una hasta el momento de publicar las dos historias en forma simultánea. &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-5423485517856157684?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/5423485517856157684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/5423485517856157684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/07/fantasma-antes-de-irte-intermezzo-de-no.html' title='Fantasma antes de irte  (Intermezzo de no ficción II)'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-2013295891558431798</id><published>2007-06-27T15:49:00.000-03:00</published><updated>2007-06-27T15:52:15.203-03:00</updated><title type='text'>Murmullo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Un día desperté con el pelo enredado en una maraña rosada y esponjosa. Era rico mi pelo. Azucarado. Punto a favor a la hora de conquistas. Crecí en la trastienda de un puestito de algodón de azúcar.  Todavía escucho la máquina.  Mi madre nunca me develó el secreto, pero sus copos eran los más grandes, y la competencia se había fugado lejos, por lo menos a la siguiente cuadra. Mamá seguía teniendo el privilegio de estar a un pasito de la rueda gigante. Éste es quizás, uno de los pocos juegos que admiten la posibilidad de hundir la cara en el algodón y sentir, a la vez, el vértigo de la cuidad vista desde arriba y desde abajo una y otra vez. Los niños hacían largas colas para obtener aquella mole prometedora y rosada.  Nunca faltaban aquellos que apenas si llegaban al mostrador. Movían sus pequeños dedos contra el filo de la mesada, como astutos animales de caza rodeando a una presa indefensa. Estaban también  los ansiosos, aquellos que lloraban desconsoladamente viendo su objeto de deseo desparramado en el piso producto de una eventual torpeza infantil. Mi madre ya tenía previstos ese tipo de sucesos en el presupuesto semanal, por lo que tenía preparados  copos de emergencia para los tristes niños de ocasión. Por supuesto delicadeza semejante iba por cuenta de ella. No había lugar en casa que no estuviera cubierto por una fina y edulcorada capa blanca. Porque el algodón no queda por entero en el palito, y lo que vuela, esto está dicho, a algún sitio tiene que ir a parar. Manos pegajosas. Así recuerdo mi infancia. Amigos que se desesperaban por meriendas sin lugares comunes. Un día la máquina se rompió. La vi a mi madre tratando de arreglarla con la mitad de su cuerpo adentro. No había solución, la vieja máquina  se había cansado de su dulce espiral, tal vez como se cansan el resto de las cosas de este mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a la cuidad. Le digo al chofer del taxi que se detenga frente al parque. Vidrios rotos, los recuerdos se hacen presentes a pedradas. Es como si un montón de niños agazapados en algún lugar descargaran travesuras contra mi. La rueda gigante está erguida como un monumento destartalado que sobrevive sin modestia. Oxidada y sin brillo igual me gusta. No escucho el antiguo murmullo de risas. No hay lluvia de maíz ni emociones acarameladas. Camino algunos pasos. Ahí, a pasitos de la rueda, el puestito de mi madre tiene un cartel que dice “cerrado”. Me acuerdo cuando lo colgó. Muchos niños lloramos aquel día. Volví a subir al taxi y al arrancar una piedra rompió la ventanilla.  Azúcar en el pelo. Pensé en eso mientras me alejé.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-2013295891558431798?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/2013295891558431798'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/2013295891558431798'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/06/murmullo.html' title='Murmullo'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-5590299382368149292</id><published>2007-06-05T09:17:00.000-03:00</published><updated>2007-06-13T10:48:07.200-03:00</updated><title type='text'>Postal</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cuando entran jamás me miran. Se quedan tras el mostrador distrayendo ojos incómodos que nunca dicen nada. Parados allí las agujas que cuelgan de la pared pinchan su paciencia y su ansiedad. Ningún reloj marca la misma hora. Atravesar la puerta es como sumergirse en un espacio sin tiempo. Desde mi tranquilidad supongo a la eternidad mientras agarro mis pinzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos se quejan del sonido, dicen que es ensordecedor. Imagino que lo perciben como aleteos de pájaros que no encuentran hogar. Nadie logra entender cómo no me vuelvo loco. Nunca terminé de comprender por qué motivo la cordura es la certeza de donde se parte. Si yo estuviera loco y ellos lo supieran, ya no vendrían a dejar su tiempo en mis manos, porque los locos, dicen, carecen de precisión. Ellos necesitan estructuras que solo yo puedo darles, pero puedo quitárselas como si fuera un dios que juega su juego sobre un paño tapizado de mecanismos imperceptibles. Agujas, ejes, días y noches que parecen ser mías. Impaciencia y apuro. Noción de fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doce y cinco marca el reloj de madera antigua colgado en el extremo izquierdo. Tres y veinte el de metal que tengo entre mis manos. No sé qué hora debería ser, tan sólo me limito a poner en marcha el mecanismo. En este lugar sin referencias, la realidad es una flor muerta con pétalos aturdidos. Termino con el arreglo. La persona ajusta su tiempo en su muñeca. Quiere pagarme, pero no acepto. El trabajo fue demasiado sencillo. Me agradece y mientras abre la puerta de cristal veo como se aleja, escapando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me recuesto nuevamente contra el respaldo y doy pitadas a la misma pipa. El humo me hace salir golpes de sangre en ojos que me dan de comer. Sé que debo dejar de hacerlo. Sé que el humo me extrañaría.&lt;br /&gt;De este lado de la vidriera percibo el mundo como si observara desde el interior de una fotografía. Ellas encierran el tiempo, no lo matan. Y ese encierro es un instante, un fragmento de tiempo sin tiempo. Para quienes pasan todos los días, debo ser una postal protegida por una capa dura y transparente. Y me pregunto si se reirán de mi y si es que alguien se ríe, todavía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;***&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Inspirado en el capítulo II de &lt;em&gt;El ruido y la furia&lt;/em&gt; de W. Faulkner.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-5590299382368149292?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/5590299382368149292'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/5590299382368149292'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/06/postal.html' title='Postal'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-3582557695340937829</id><published>2007-05-23T09:20:00.000-03:00</published><updated>2007-05-23T09:21:30.103-03:00</updated><title type='text'>Ardimos (intermezzo de no ficción)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hace algún tiempo se murió una persona que sabía mucho. Lo denominaban “biblioteca ambulante” y si bien el hombre seguramente no podía explicar  la teoría de la relatividad de forma convincente (aunque esto nunca lo comprobé) hay que decir que  sabía del tema que lo ocupaba como nadie. Le decían historiador aunque hasta donde yo sé nunca había pasado por la facultad de humanidades para obtener un título que se sabe milagroso. Historiador en el sentido de haber sido la única persona  que tenía la capacidad de recrear absolutamente todo lo que refería a un asunto que estuviera bajo su dominio, con fechas, fundamentos casi vivenciales (el tipo estaba cerca de los  cien) y documentos que seguramente, no tuvieron en su época el valor que este hombre sabría darle posteriormente, justo ahí, cuando la memoria ajena empieza a reclamar lo que un día desechó.&lt;br /&gt;Este hombre tenía 83 años y su salud (dejaban constancia análisis hechos pocos días antes de su muerte, aunque no nos fiemos demasiado de la medicina occidental) era mejor que la que seguramente poseo en una vida de excesos silenciosos. El hombre murió por una caída. Un accidente doméstico, si preferimos el lugar común de la crónica informativa. Y uno, que espera tener una muerte por lo menos carismática, no puede concebir un traspié fatal. Días antes, se había muerto Eduardo Darnauchans y ese mismo día (como si un fantasma sin boca quisiera decirnos algo) también moría en Francia el filósofo Jean Baudrillard. Cuando me enteré de su muerte lo lamenté diciéndome  a mí misma: “una pena, una cabeza menos pensado sobre el mundo” . Duelen esas muertes, aunque sean lejanas y no familiares. Duele enterrar cerebros que reflexionaron al mundo de forma sensata. Una vez, escuchando el desaparecido programa de radio “Planetario” alguien hablaba del incendio de la biblioteca de Alejandría. En ese momento, mientras fumaba un cigarro viendo pasar la noche boca arriba, pensé en misiles y en cómo estos lo primero que destruyen cuando una cultura quiere imponerse sobre otra son las bibliotecas, o en casos más arcaicos, centros acumulativos de algún tipo de saber. Pensé entonces en Bagdad. Pensé que “Las mil y una noches” libros que como saben aprecio, ardió entre millones de hojas, personajes, teorías y palabras. En ese incendio también se murió algo, pero supongo que la destrucción de una biblioteca milenaria no es una noticia gorda para el informativo central como lo es que Winona Ryder  haya querido ser cleptómana por un día. En fin, hoy me voy pensando en fuego y en cerebros six feet under.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-3582557695340937829?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/3582557695340937829'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/3582557695340937829'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/05/ardimos-intermezzo-de-no-ficcin.html' title='Ardimos (intermezzo de no ficción)'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-6853252540974847838</id><published>2007-05-09T09:18:00.000-03:00</published><updated>2007-05-09T09:25:39.926-03:00</updated><title type='text'>Filoso y áspero</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;La luz del pasillo tintinea como solo saben hacerlo algunas luces de pasillos sucios y solitarios. Justo al final estoy yo. El lugar es pequeño, es uno de esos sitios en donde uno tiene la permanente sensación de que las paredes dan pasos silenciosos y burlones con el solo fin de encontrarse unas con otras. Cuando siento eso empiezo a verme como un intruso en un lugar que nunca me tendrá como aliado. Es la permanencia metálica de la máquina de escribir que tengo frente a mí la que me recuerda que existe el sonido. Acá pocas cosas hacen ruido. La máquina y mi respiración. Por lo demás, es como si el mundo fuera una acuarela que se va desdibujando con gotas de una vaso que transpira y que no es de nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trac trac trac trac trac. La máquina y yo, un pasillo que me ve y mis latidos. Aseguro la puerta a mis espaldas. Escucho algo, otra cosa. Un sonido filoso y áspero. Las paredes parecen estar en el mismo lugar y sé que se ríen en secreto de mí. En el piso, asomado por debajo de la puerta veo el vértice de un papel. Es un sobre, un sobre con mi nombre. Detrás de la puerta no hay nada y la tenue luz sigue tan inconstante como hace un rato. Vuelvo a sentarme con el sobre en la mano. Corro la máquina y la dejo en un espacio que siempre está vacío. Es solo un sobre, pero tiene mi nombre y es de madrugada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Una vez te vi hablando con alguien. Fue la única vez que te vi mover los labios. Bajé las escaleras y crucé la calle. Esperé que entraras. Alguien me insultó desde un auto porque crucé sin mirar. Disculpe, ¿sabe usted cómo se llama la persona con la que acaba de hablar?. No pregunté más nada. Solo quise quedarme con tu nombre. Onetti, fotos. Leí un cuento hace algún tiempo. Todos los días te veo. Sé que tirás el cigarro por la mitad y que lo pisás con el talón en un gesto delicado. Sé que tenés cara de tristeza, pero no sé si sos un hombre triste. También sé tu nombre. Quisiera hablarte pero algo me lo impide. Esto es una manifestación de existencia.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Dejé la carta al lado del sobre. La última frase estaba escrita con lapicera de otro color y trazo apurado. &lt;em&gt;La luz del pasillo me dio miedo, hace mucho que no lo sentía.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Me pregunto cómo no escuché pasos. La leí otra vez. &lt;em&gt;Esto es una manifestación de existencia&lt;/em&gt;. Sí que lo es. Ahora sé que alguien existe y mi soledad dejó de ser un sitio confortable.&lt;br /&gt;Seguí la misma rutina en los días siguientes. Antes de entrar empecé a tirar el cigarro siendo consciente de mi gesto, antes imperceptible. Detrás de un vidrio clandestino, alguien aguardaba mi entrada agazapado, y la cuidad es grande y yo estoy solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trac trac trac trac trac. Abrí la puerta. En el pasillo ya no hay luz pero sé que hay alguien. Dijo mi nombre. Ya no pude seguir escribiendo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-6853252540974847838?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/6853252540974847838'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/6853252540974847838'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/05/filoso-y-spero.html' title='Filoso y áspero'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-4618035786733408548</id><published>2007-04-25T08:58:00.000-03:00</published><updated>2007-04-25T09:18:07.322-03:00</updated><title type='text'>Adictivo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Apenas entramos conspiro contra la cordialidad del resto de los presentes. En mis bolsillos hay algunas monedas, yo sólo quiero encontrar los restos de un cinismo que nunca tuve. De mi estado de ánimo cuelgan, como telarañas en perfecta red, mis excusas más caras y más bajas. Él me mira, me lacera la piel con ojos que conozco desde siempre. No sé por qué me quedo. Tal vez me siento asustada, estoy debajo de mí. Afuera está lloviendo y adentro un poco más. Personas empiezan a rodearme y de forma automática me ofrecen copas que rechazo. Desde mi perspectiva son seres deformados de los que no me llegan más que sonidos inciertos. Comienzo a padecer el efecto de alguna sustancia que todavía no ha ingresado en mi cuerpo. Escucho sus voces como si hubiera metido la cabeza dentro de una enorme pecera y los veo a través de una lupa fabricada en el País de las Maravillas. Presumo que me siento mal. Empiezo a buscar aire como un animal busca su presa. Todavía tengo la piel lastimada. Desde el rincón se mece, desde el rincón me mira. Está triste por mí y supongo que loco de él. Afuera está lloviendo, debajo de mi estoy. Me deslizo en la noche hacia el viejo zaguán. Respiro bocanadas de humedad y por un momento me siento satisfecha. Provisionalmente estoy a salvo. Si estiro los brazos la lluvia me roza la piel y alivia el ardor. La gente pasa a mi lado y empiezo a creer que mi alivio es un espejismo nocturno e imposible. No quiero encontrarlo pero sé que sus ojos me alcanzan desde el mismo rincón. Prendo un cigarro y exhalo el humo dejando partículas de mí en el aire. Solo un pensamiento persistente y filoso. Perdimos el invicto, miseria de todo jugador, néctar adictivo de todo espectáculo. Ahora mi propio show me parece un fastidio. Hipnótica bailarina vendiendo lo que tiene a cambio de miradas carentes de valor.&lt;br /&gt;La historia es inconclusa: no hay un final feliz, tampoco un final trágico por el que lamentarse. En el zaguán me quedo, está lloviendo mucho. Desde adentro él se mece y se inyecta en la noche a través de mí.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-4618035786733408548?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/4618035786733408548'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/4618035786733408548'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/04/adictivo.html' title='Adictivo'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-1444788420608294520</id><published>2007-04-16T08:55:00.000-03:00</published><updated>2007-04-16T08:58:15.998-03:00</updated><title type='text'>Días Extraños</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Lunes a la tarde. Tarde de navidad. Miro a Lunes y mientras lo hago comienzo a sentir un fuerte dolor en el estómago. Estoy empezando a sentirme realmente mal. Lunes. Hijo deforme de dos criaturas anómalas. Sábado y Domingo se conocieron  en un cabaret. Uno era prostituta de escaparates sucios, el otro, tan sólo un borracho sin promesas que ofertaba sus minutos a cambio de besos con sabor. Sábado y Domingo se prometieron amor un poco después. Se largaron de allí corriendo, como intentando escapar de un hervidero de días cristianos. Noche de bodas, ritual. Falta poco para el desprestigiado nacimiento. Sábado es cansancio y vértigo. Piel transpirada previa llegada de cazadores nocturnos. La madrugada es eso, madrugada. Domingo envidia y maldice, pero sigue seduciendo con su viejo y viciado repertorio. Sábado se entrega, entero, desmembrando sus horas, bigeminándose en. Y ahí estoy yo. Meciendo la cuna del lunes a la tarde. Observando su deformidad y sus manitas que se estiran como queriendo alcanzar mi cuello. No se duerme Lunes y yo corro hacia el baño para no vomitar encima de su cuna. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-1444788420608294520?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/1444788420608294520'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/1444788420608294520'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/04/das-extraos.html' title='Días Extraños'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-7697576623955900228</id><published>2007-04-03T09:20:00.000-03:00</published><updated>2007-04-03T13:07:35.874-03:00</updated><title type='text'>Ya no me mires, Lou.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El techo no me devuelve nada, ni siquiera el murmullo ritual de los insectos. Estoy a oscuras. Ahora ya no. Todo está en el mismo lugar. Nada cambió en el cuarto. Yo también estoy en el mismo lugar. Vaso de agua con partículas. Un libro y un cuaderno sobre una moquette que odio en ocasiones. Nuevamente una hoja en blanco y mis ganas de joder al pensamiento en madrugada. Lou Reed me mira fijo desde una tapa tan gris como esta noche. Sé que no puedo escapar de ese par de ojos.&lt;br /&gt;Miro hacia dentro de una televisión en blanco y negro y veo saltar un ser diminuto que me saluda con cortesía y desesperación. Se parece a mí. Tenemos exactamente el mismo arco en la cejas, ese quiebre que divide una expresión enojada de otra que no. O ella es una construcción a escala o yo soy una gigantografía en el lugar equivocado. No sé cual es la réplica. No sé quien fue primero. ¿Hace cuánto que estás ahí? - le pregunto. -El día que vos me metiste-, me responde. Busco el control remoto y no lo encuentro. Encerrada en el tiempo he perdido el valor. El botón de encendido no funciona y el silencio dejó de ser hermético. Pongo una tela encima de la tele. Ahora es tan sólo una silueta delineada con trazo apenas perceptible. Convertida en una sombra china ella ya no me alcanza. La tela, un retazo de algo que no es suficiente porque deja filtrar su vocecita. El pensamiento es dócil a la invasión de la ira. El corazón es tirano al relinchar sobre la poca calma que me queda. Un susurro finito sobrevive. &lt;em&gt;I’ll be your mirror&lt;/em&gt;. Lou Reed sigue mirándome y yo tengo los ojos tan abiertos como él.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-7697576623955900228?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/7697576623955900228'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/7697576623955900228'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/04/ya-no-me-mires-lou.html' title='Ya no me mires, Lou.'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-2405775224302831287</id><published>2007-03-12T13:23:00.000-03:00</published><updated>2007-03-12T14:03:15.191-03:00</updated><title type='text'>La mujer es el diablo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Abandono la plaza. Camino con paso rápido, como dejando atrás el miedo y la soledad que me produce fumar sentada en los mismos bancos verdes. Leo para despistar, para sentirme concentrada aunque bien sé que no podría retener el contenido de una página en un contexto que siento adverso. De pronto un hombre de la calle, que no atraviesa el temporal porque es un día trágicamente soleado, se instala a mí lado. Se para y comienza a caminar a mi alrededor. Sólo una frase repetida como una plegaria desatendida: “la mujer es el diablo, la mujer es el diablo, la mujer es el diablo”. Me lo dijo mirándome a los ojos, mientras yo me esforzaba inútilmente por camuflar mi cara tras el humo. No pude. Yo también lo miré a los ojos. Lo miré insistente pero con calma de tierra seca. Se calló de pronto. Agarró su bolsa y se alejó silbando por el camino empedrado que separa al banco verde de la calle. Desde atrás, casi vi sus costillas a través del buzo. Supuse que algo latía enjaulado ahí dentro. Di la última pitada, me paré y me fui. Cuando volví a buscar el libro que me había olvidado, vi desde lejos que un hombre triste leía en el mismo banco. Y me fui una vez más, pensando en el diablo, en las mujeres y en otras cosas menos importantes.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-2405775224302831287?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/2405775224302831287'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/2405775224302831287'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/03/la-mujer-es-el-diablo.html' title='La mujer es el diablo'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-8236221924693346026</id><published>2007-02-28T10:39:00.000-02:00</published><updated>2007-02-28T10:55:43.096-02:00</updated><title type='text'>Crujir</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Pura insistencia. Eso es lo que me trajo hasta aquí. Apenas entro tengo una sensación de equivocación que se acentúa luego de atravesar el comedor. Dice que me siente mientras va a buscar algo en el cuarto de arriba. De pronto estoy sola sentada en una silla en medio de una cocina con insistentes azulejos azules. Nunca me gustó ese color en las paredes. Me hacen pensar en que el cielo es un sitio demasiado lejano. El piso es superficie maquillada de polvo. Rubor del tiempo que no olvida su coquetería. Permanencia que me invita a irme. Sin embargo me quedo y espero. Los estantes arriba del fogón parecen metonimias del pasado. Marcas que no conozco en etiquetas de tarros que seducen moho. Esto está lejos de ser ciencia ficción. Sospecho que el futuro respira lejos de esta cocina. Escucho un ruido. Algo se desliza por el piso a una velocidad imposible. Por el pasillo que une la cocina con el comedor veo aparecer una figura. Persona en segunda instancia de mi visión. Edad incalculable. Las arrugas en su cara inmediatamente se vuelven metafóricas. No hay especulaciones. Cualquier posibilidad es una moneda tirada a una fuente sin agua. Camina como sobrevolando el piso y su peso parece desafiar la gravedad del lugar. Bajo la vista para no incomodarla pero mi curiosidad es más fuerte que mis respetos hacia algo. Su figura es fantasmal, pero me gusta. Empiezo a pensar que los azulejos refractan una especie de aura. La composición de su cuerpo es casi espectral. Un espectro que se sienta a mi lado, me agarra las manos y me ofrece té. Le digo que no y vuelve a insistir. Su voz es un hilo de marfil amarillo. Me quiero ir pero su presencia termina por gustarme. Nunca nadie me había ofrecido té antes de preguntar mi nombre. Mis manos siguen entre las suyas. Si las nubes acariciaran piel sería algo parecido a esto. Mi amigo sigue en el cuarto de arriba, siento el piso crujir sobre nosotras. Me levanto y me suelto. Atravieso el pasillo mientras pienso que no me despedí. Vuelvo despacio y la veo. Sigue sentada allí y me queda mirando con ojos chiquitos. No dice nada y yo tampoco. Fragmentos de silencio. Ya no estoy tan segura de querer irme. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-8236221924693346026?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/8236221924693346026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/8236221924693346026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/02/crujir.html' title='Crujir'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-3058563350358686149</id><published>2007-02-11T17:19:00.000-02:00</published><updated>2007-02-11T17:20:40.176-02:00</updated><title type='text'>Huéspedes</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Es un autito de metal pintado con esmalte rojo. He notado que sólo los juguetes tienen ese tipo de pintura y asumo que en otros objetos carece de utilidad. Supongo que por algo son juguetes y no cosas en miniatura.&lt;br /&gt;Mi cintura se transforma en una rampa improvisada. Veo su cara y no puedo distinguir la diversión obsecuente de un niño del gesto en trance que solo un hombre tiene. El autito es casi una extensión de sus dedos y me recorre sin prisa de carreras. En picada y sin frenos llega hasta ese lugar donde la geografía, centro de azúcar y de acero, marca el principio de otro ascenso. Mi piel, ahora erizada, provoca un accidente. El autito cae en el colchón, lo agarro y observo sus terminaciones. No me dan ganas de devolverlo. El cuarto no es mío ni los juguetes que hay en él. Somos tan solo huéspedes en una fantasía robada. Estiro los brazos sobre mi cabeza, arqueo la cintura un poco más no sin antes asumir el riesgo. Él sólo me mira. Pongo el autito sobre mis rodillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo dejo caer. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-3058563350358686149?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/3058563350358686149'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/3058563350358686149'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/02/huspedes.html' title='Huéspedes'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-3729097064897519184</id><published>2007-01-29T09:27:00.000-02:00</published><updated>2007-01-29T11:37:22.606-02:00</updated><title type='text'>Sin ruido</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Simplemente tomé la autopista. “Carretera” le dicen en donde vivo. Acá es autopista. Pista, despegue, separación. Las periferias de las ciudades son de un modo cuando me voy y de otro cuando me inserto en ellas. Citoplasmas de la capital. Células muertas cuando regreso. La carretera me aleja como en una sinapsis no consumada.“Proceso biológico incomprensible” sobre cuatro ruedas. Mientras miro a los costados me acuerdo de que la inmensidad rebota entre murallas. Entonces me encuentro con mis ojos en el retrovisor. Una voz vuelve como un eco de lata a golpear los vidrios de mis sienes. Nada bueno puede salir de eso. La carretera es recta, llana y simple. Estoy en el camino. Podría escribir un libro y consagrarme o echarme a llorar sin ruido ni bien encuentre un sitio en donde estacionar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-3729097064897519184?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/3729097064897519184'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/3729097064897519184'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/01/sin-ruido.html' title='Sin ruido'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-8520054737023783553</id><published>2007-01-07T08:49:00.000-02:00</published><updated>2007-01-11T17:25:32.523-02:00</updated><title type='text'>Perimetrado</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Este es un lugar demasiado pequeño. La capital queda lejos, tanto como cualquier lugar olvidado entre las miguitas del mundo. Acá la distancia es un símbolo del estado de ánimo, un lugar común de conversaciones que ya no saben qué decir sin recurrir a un referente próximo. Esto es un pueblo como cualquiera, aunque solo lo supongo ya que nunca atravesé el óxido que separa a mi perímetro del resto. Acá todo llega tarde o imagino que lo hace ya que el tiempo es un factor desestimado en esta inmovilidad fotográfica. Acá las agujas del sol se clavan estáticas en la aridez del terreno. Las inquietudes son pocas porque “el futuro perdió la guerra cuando dejamos de creer en él”. Yo deambulo por calles que me conocen de memoria y gasto zapatos contra pedregullos que veo brillar al mediodía. Todos acá saben mi nombre, es triste no poder perderse en ningún lado. Si no estoy porque quise escaparme alguien enseguida notará mi ausencia. Ahí pasa el hombre que hace mandados. Es como un Mesías que une el mundo que está más allá del puente y el resto de nosotros. Entre sus profecías se pueden escuchar que mañana subirá el precio de la leche y que al pan le cambiaron el tipo de harina por eso se endurece más pronto. Las revelaciones son pocas. Acá la gente habla. Hablan unos de otros en forma reiterada e infinita. Cuando el universo no para de escarbarse el ombligo, el apéndice del mundo comienza a punzar. Yo sigo mi camino. Atrás quedó el hombre que hace mandados con su bicicleta y su carrito lleno de mercancía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nací con la desgracia de tener problemas en la vista. Cada vez que llego a la biblioteca la tierra acumulada en los cristales de mis lentes casi logra convencerme de una inminente ceguera. En la biblioteca no hay nadie, como es de esperar. Pienso en Silvio Astier, el juguete rabioso. Acá robarse un libro no es ninguna hazaña porque a nadie le importan y están ahí al alcance de todos. La biblioteca consta de cuatro estanterías. Uno va, elige temática, agarra el libro y luego se sienta lo más cerca que pueda del ventilador. El ventilador está arriba de una mesa, es metálico y antiguo. Su vaivén escupe brisas con olor a viejo. Me salteo la estantería de “asuntos científicos”, “astrología, esoterismo y otros” y llego a la tercera, la que dice “li eratura”. Por algún motivo no figura la t y al parecer nadie nunca tuvo la intención de incluirla. A mí me salva la literatura, pero mi existencia carece del vértigo del que gozó Madame Bovary. Este es el único lugar donde tengo que compartir el aire con una única persona. Su función no es ordenar estantes ni actualizar ficheros, es controlar que el ventilador no se detenga, porque lo cierto es que a veces se revela y se queda estático apuntando hacia un solo lado. Cuando entro limpiando los lentes con el borde de mi buzo, esta persona, como todos los días, me mira con desdén y vuelve a bajar la cabeza. Son crucigramas, creo que por algún motivo le gustan mucho. Lo que me gusta de ella es que jamás pregunta, ni siquiera como estoy. Eso ya me resultaría agresivo. Elijo mi libro y me siento. El pueblo quedó más allá de la puerta lo que provoca una mejoría en mi estado de ánimo. Adentro la luz es poca, es pleno día y apenas si me llega un tenue reflejo desde la esmerilada banderola. A mis ojos los tengo adiestrados para tal ocasión. Acá tienen prohibido traicionarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya casi no me llega luz. Me paro y dejo el libro justo donde lo encontré. Cuando me voy el ventilador sigue mi andar como si me observara por la mirilla de un submarino. Su brisa hace que se vuelen unos papeles que recojo del piso. La otra persona me agradece. Acaba de romper nuestro pacto de silencio en pro de la cordialidad. Ojalá que la próxima vez que me vea no me dispare “buenos días”. En ese caso tendré que empezar a robarme libros para leerlos en otro lado. Ya estoy afuera. Empiezo a caminar y veo venir al hombre que hace mandados que regresa con su carro vacío. Al pasar levanta tierra que no tarda en pegarse a mis lentes. “Che, pibe, tomá, me quedó un alfajor”. Mientras el envoltorio cruje entre mis dedos pienso que mañana será otro día como hoy y eso no me genera nada, lo cual termina por asustarme un poco. Hay pedregullo bajo mis zapatos, pero ahora no está brillando.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-8520054737023783553?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/8520054737023783553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/8520054737023783553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2007/01/perimetrado.html' title='Perimetrado'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-6070412396079852385</id><published>2006-12-29T20:15:00.000-02:00</published><updated>2007-05-10T14:02:11.481-03:00</updated><title type='text'>Para ser en movimiento, quedaron bien.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;A continuación les ofrezco un cuento realizado y entregado descaradamente a modo de parcial. Si leyeron los cuentos “Por qué bailamos”, “Visor” y “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, del libro homónimo de Carver, advertirán el artificio que traté de construir. Si no leyeron esos cuentos no os preocupéis, léanlo igual. Advertencia: carece de toda moraleja. Con ustedes, el cuento que Carver nunca escribió:&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Antes de subirme al auto estacionado en la calle, me volví y observé el tejado de mi casa una vez más. A mi alrededor el piso estaba lleno de piedras, piedras de todos los tamaños pero ninguna que superara en diámetro la palma de una mano de niño. Allí, mirando las piedras en el piso no supe si reírme de mí mismo o empezar a considerarme una mala persona.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Estaba llegando tarde pero era algo que en el fondo no me importaba demasiado ya que desde hacía algún tiempo, había empezado a tener la convicción de que la puntualidad era un secuaz invisible de un mecanismo que quisiéramos desarmar.  Sin dudas ya estoy llegando demasiado tarde, pero cuando le cuente a Mel y a Terri lo que me sucedió hace apenas un rato, el enojo por mi impuntualidad habrá quedado atrás dejando lugar a la anécdota entretenida, la imprescindible aliada del que no tiene algo mejor para decir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Le costó encender su viejo auto, pero finalmente lo logró. La casa de Mel su mejor amigo que a su vez era el mejor amigo de Nick, estaba situada a uno veinte minutos. Ya había resuelto que la impuntualidad no sería motivo de discusión por lo que se tomó su tiempo para recorrer las calles del barrio antes de tomar la autopista. Lo único que le generaba un poco de conflicto era pensar que tal vez si llegaba demasiado tarde la ginebra prometida se habría acabado. Sin embargo prefirió confiar en la elocuencia de Mel, su amigo, el cardiólogo que se definía a sí mismo como “un cirujano del corazón o lo que daba igual, un mecánico” frase que siempre le había parecido la muestra más gratuita de su falsa modestia. Todos podemos vivir con el auto roto sin llevarlo a reparar, pensó. El corazón es otra cosa y al fin y al cabo, llamándoles cirujanos del corazón o mecánicos, ambos terminan siendo imprescindibles. Ahora que lo pensaba mientras manejaba tranquilamente por el barrio, esa conclusión desterraba del discurso de Mel sus tácitos esfuerzos por aparentar ser una persona, digamos, más o menos común. Mel podía salvar una vida, él no. Eso ya era suficiente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al dar vuelta en la siguiente esquina observó que sobre la mitad de la cuadra había una venta de garaje por lo que disminuyó más la velocidad. En el camino de entrada a la casa vio una caja de cartón con tazas, vasos y platos envueltos por separados. Pensó que él, al menos que necesitase hacerlo por razones de fuerza mayor, nunca expondría lo que alguna vez habían sido los objetos de su intimidad ante una serie de desconocidos sedientos de ofertas. Cuando pasó por delante de la casa algo le llamó la atención. Se oía música y dos hombres bailaban con una chica entre los muebles de segunda mano. Aminoró tanto la velocidad para observar la escena con detenimiento que el auto se apagó justo frente a la entrada. Notó que la chica, que en ese momento bailaba pegada a un hombre mayor que ella, lo miró incomodada al tiempo en que le dijo algo a su compañero de baile. Éste dio vuelta la cabeza para mirarlo y luego hizo un gesto con la mano como restándole importancia al hecho de que alguien estuviera observándolos. Mientras trataba de encender el auto pasó por su mente el visor de la cámara de fotos al que había estado mirando hacía un rato nada más. La gente está mirando todo el tiempo, pensó, mientras continuaba su camino. Hay una necesidad de mirar y ser mirado y los fotógrafos vendrían a ser los últimos bastiones del sentido visual. Gracias a ellos la vista permanece. Miró las fotos desperdigadas en el asiento del acompañante y soltó una carcajada al imaginar la cara de Mel cuando se las mostrase.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ya se encontraba en otro barrio y notó cómo la luz del sol empezaba a mostrarse más tenue con el correr de la tarde. Finalmente llegó a casa de Mel. Tocó a la puerta y tratando de ver hacia adentro por la pequeña ventana, notó que la casa estaba completamente a oscuras.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Cómo estás?- le preguntó Terri animada- que gusto de verte.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Disculpas por la tardanza- dijo el recién llegado- mientras Terri lo escoltaba camino a la cocina.&lt;br /&gt;Laura, la novia de Nick, o sea, el mejor amigo de Mel que a su vez era su mejor amigo, había prendido la luz y se había sentado nuevamente junto a la mesa. Apenas vio a su amigo, Mel se paró un poco borracho y le dio la bienvenida con un fuerte abrazo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Estaban a oscuras?- preguntó mientras saludaba con un beso a Laura y a Nick&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Digamos que un poco pero has venido con la revelación que buscábamos, ¿no?- dijo Mel, provocando la risa de todos los presentes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Perdón por llegar tan tarde...&lt;br /&gt;Mel lo interrumpió comunicándole que se había terminado la ginebra. En la mesa había una botella vacía y cuatro vasos, uno volcado. Mel invitó a su amigo a sentarse junto a ellos, mientras que Terri estaba parada frente al fogón preparando las galletas con queso que Laura le había pedido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Por qué llegaste tan tarde? – preguntó Mel- Ya resolvimos que al final no, pero teníamos previsto ir a cenar, ¿te acordás?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Sí, me acuerdo. No es por excusar mi impuntualidad pero lo que me pasó hoy fue algo bastante extraño.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Extraño?- preguntó Mel con curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Sí, extraño, no encuentro otra palabra. Escuchá esto- dijo, mientras apoyaba arriba de la mesa unas fotos con la imagen hacia abajo-. Acababa de hacer café y estaba preparando la ropa que iba a ponerme después de bañarme... bañarme temprano para llegar temprano, claro está, ¿no? De pronto me tocan la puerta. Dejo la cafetera en la cocina y atravieso el corredor. Un hombre sin manos de aspecto corriente, exceptuando los ganchos cromados, quería venderme una fotografía de mi casa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡No te puedo creer! –Interrumpió Mel&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Eso no es nada. Lo primero que atiné fue a preguntarle cómo había perdido las manos.Laura y Nick se rieron y Terri sentenció:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- No tenés respeto por nada, siempre igual.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Lo cierto es que no me respondió, entonces lo hice pasar y le ofrecí una taza de café, sólo por la curiosidad que me generaba ver cómo agarraba la taza con los ganchos. Me preguntó si podía ir al baño, no sin antes mostrarme la foto que había sacado de mi casa. Agarré la foto: un pequeño rectángulo de césped, el camino de entrada, el cobertizo de los coches, la escalera principal, el ventanal y la ventana de la cocina desde donde había estado mirando. Me pregunté para qué iba a querer yo una fotografía como aquella, cuando de pronto me acerqué un poco y vi mi cabeza allí dentro tras la ventana de la cocina. Me hizo pensar, el verme así de ese modo. Lo digo en serio, es algo que le hace pensar a uno. Estás inmerso en tu rutina y de pronto es la mirada de otro la que te hace verte a vos mismo como nunca lo habías hecho. Cuando venía para acá me estacioné delante de una venta de garaje a ver cómo un chico miraba baliar a la que probablemente fuera su novia con un tipo mucho mayor. Yo los vi y ellos me vieron. Me pregunto qué hubiera pasado si les tomaba una foto y después se las ofrecía. Bueno, como sea, la cuestión es que el hombre sin manos usó mi baño, y yo lo vi acomodarse y subirse el cierre del pantalón. Me preguntó si finalmente le compararía la foto. Yo ya había decidido que no sólo le compraría esa, sino que, si llegábamos a un buen acuerdo, le compraría todas las fotos que pudiera sacarme en ese momento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Son esas, ¿no?- preguntó Terri- señalando el montón arriba de la mesa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Así que empezamos la sesión. Salimos al jardín, ajustó el obturador y me dijo dónde debía situarme. Una vez que me hizo veinte fotos las consideró suficientes pero a mí se me había ocurrido que me sacara unas arriba del tejado. Entonces me subí. Una vez arriba encontré un montón de piedras, de esas que tiran los niños con intención de embocarlas en la chimenea. Le grité “¡¿preparado?!”, entonces agarré una piedra y esperé a que el hombre me tuviera en el visor.&lt;br /&gt;- ¿No me digas que le tiraste una piedra?- Preguntó Terri&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Ahí tenés la prueba- le contestó, mientras le arrimaba las fotos sobre la mesa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Para ser en movimiento, quedaron bien- dijo Terri que ahora se las mostraba a Mel.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Y después qué pasó?- preguntó Nick&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Nada. Me di cuenta que se me hacía tarde para venir, le pagué las fotos y se fue. Pero esperen que tengo más evidencia- dijo-mientras sacaba un arrugado papel del bolsillo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Qué es eso?- Preguntó Terri&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Un poema que escribí a propósito de la ocasión&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¡Un poema!- dijeron Terri y Mel casi a coro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Si....bueno, acá va:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un hombre sin manos&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Llamó a mi puerta&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Le dije algo indecoroso&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y él me respondió:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“si pudiera darte una piña&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;juro que lo haría”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo invité a pasar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Le ofrecí café&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“Sé tan amable de &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;dármelo en la boca”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Le manché su camisa&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y me disculpé&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Él dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“No hay problema,&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;continúa con el asunto”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un hombre sin manos&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Llamó a mi puerta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Le dije algo indecoroso&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero igual quiso pasar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Todo un poeta- dijo Mel irónicamente.El recién llegado esperó a que todos terminaran de reír y luego preguntó: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Solo por curiosidad, ¿de qué hablaban hoy cuando llegué?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- No querrás saberlo. Hablábamos de amor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nunca entendió el silencio que sobrevino a las risas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;***** &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-6070412396079852385?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/6070412396079852385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/6070412396079852385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/12/para-ser-en-movimiento-quedaron-bien_29.html' title='Para ser en movimiento, quedaron bien.'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-116589082987125114</id><published>2006-12-12T00:32:00.000-02:00</published><updated>2006-12-12T00:33:49.886-02:00</updated><title type='text'>Decididamente suave</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Descolgué el teléfono. Ahora el apartamento está más vacío que en su habitual costumbre de vacío. Miro mis pies y mis piernas. Estoy sentada sobre un parquet que necesita un poco de brillo. Nada en el apartamento tiene brillo, excepto el mango de la heladera que veo desde acá. Es vieja, pero sobrevive. Estoy en una oscuridad intermitente, es la marquesina del bar que me dispara un olvidado y vigente neón. Miro mis piernas y las toco. Tendría que depilarme pero la gillette está demasiado lejos ahí en el baño. Noto un pequeño movimiento. Las partículas del parquet se ven amenazadas por una cucaracha que viene en mi dirección. Pienso en Gregorio. Repito ese nombre en voz alta y considero que es horrible. Pienso en un novio que odiaba a las cucarachas. Me hice experta en el exterminio de las mismas. Ahora no quiero matarla. No tengo ganas de barrerla y además estoy descalza. Mis piernas desnudas están demasiado expuestas. Me despego un poco del piso y la dejo seguir. Soy como un puente, ella pasa por debajo. Estoy segura que si pudiera me lo agradecería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rojo...verde...ahora azul. Nunca pude estar completamente a oscuras en este lugar. Acá la noche nunca es definitivamente noche. Lo artificial no está tan mal hasta que la costumbre lo vuelve natural. La marquesina es mi jodida luna y mi jodida estrella. Con los del bar de abajo la relación es casi nula, excepto porque fabrican unos capuchinos que carecen de competencia. El bar de abajo cierra tarde y todavía escucho las voces de dos coreanos que no paran de hablar. Supongo que son coreanos. Tal vez no. Está bien, hay cosas a las que no me acostumbro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi baño tiene piso de panal en blanco y negro. Es lo mejor  del apartamento, sin dudas. Me miro al espejo tratando de invocar el sueño pero no lo logro. Me acuerdo de mis piernas y entonces abro el botiquín. Artículos variados, casi todos vacíos, como el apartamento. Una espuma de afeitar que pertenecía al novio que odiaba a las cucarachas. Es como un aerosol. Lo agarro y lo agito. Aprieto el botón y la espuma salpica mi cara y el espejo. Tiene rico olor. Me hace acordar a él. Aprieto nuevamente el dispositivo y me lleno la mano de espuma. La espuma se traslada a mi pantorrilla que ahora está semi perpendicular al bidet. Apoyo el filo en el tobillo y lo deslizo hasta la rodilla y así varias veces. Ahora la otra pierna. Una vez más. Casi un acto de amor. Con la toalla de mano me quito los restos de espuma. Me voy a hacer adicta a la espuma de afeitar. Suave. Decididamente suave. Ahora que estoy de vuelta sobre el parquet lo noto.&lt;br /&gt;Rojo...verde...ahora azul. Los coreanos no pararon de hablar. Gregorio no volvió a aparecer y yo todavía no colgué el teléfono.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-116589082987125114?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/116589082987125114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/116589082987125114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/12/decididamente-suave.html' title='Decididamente suave'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-116513904202372238</id><published>2006-12-03T07:43:00.000-02:00</published><updated>2006-12-03T07:44:02.033-02:00</updated><title type='text'>There she goes again</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Este es un simple saludo de cumpleaños. Un tres de diciembre hace exactamente un año, escritoenlaventanilla dejaba su primera huella en la pantalla. Lo cierto es que Clementina no era demasiado adepta al mundo blogger, en realidad todavía no llegó a serlo ya  que sus párpados se siguen adiestrando frente a un monitor sin conexión que por suerte, ya no está partido.&lt;br /&gt;Clementina todavía no sabe cuál es la finalidad de exponer sus palabras ante un montón de seres sin cara y sin nombre. Pero lo cierto es que todavía le genera una mínima emoción subir cada post. El día en que esa emoción mute en indiferencia, entonces el poco sentido que esto tiene dejará de existir definitivamente.&lt;br /&gt;Salud y saludos a escritoenlaventanilla. Hoy el maní japonés no me espera sobre la mesa del comedor. Por casualidad, ¿alguien tiene?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-116513904202372238?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/116513904202372238'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/116513904202372238'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/12/there-she-goes-again.html' title='There she goes again'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-116398782088841720</id><published>2006-11-19T23:56:00.000-02:00</published><updated>2006-11-19T23:57:00.906-02:00</updated><title type='text'>Maravillosas ocupaciones</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;      &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De niños jugamos todo tipo de juegos y la fantasía de creernos algo que no somos es un lugar recurrente. Entre todas las clases de juegos que puedan existir (con variantes epocales incluidas: ya sea un balero o el play station) todos alguna vez jugamos a ser grandes y trabajar, no importa de qué, importa el hecho que ya desde pequeños existe algún tipo de mandato externo e invisible que nos susurra al oído: “No te creas Punky Bruster nena, no hay nada detrás del arco iris, mejor jugá a las madres y andá aprendiendo el oficio”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando era chica jugaba con dos amigas y simulábamos todo tipo de profesiones. Siempre tuve una personalidad un tanto inquieta y la verdad que jugar a las secretarias me aburría sobre manera. El cuarto donde se desarrollaban nuestras fantasías del mundo adulto era algo especial. En principio era un cuarto de “nena” pero ni bien entrabas te dabas de frente con una inexplicable máquina de hacer pórtland. Siempre quise encontrarle una función en nuestra improvisada oficina pero evidentemente la imaginación no me dio para mucho y la existencia de un hombre bala no era una posibilidad.  Cuando repartíamos los roles nunca me tocaba ser la jefa ni la secretaria, es más, a mí no me gustaba ese lugar porque me obligaba a quedarme sentada, entonces yo misma elegía ser una suerte de mandadera. Obviamente le tenía que poner a mi oficio un poco de vértigo por lo que pronto me agencié un carrito de tele (de aquellos de metal con rejillita abajo) que oficiaba de skate propulsor entre los escritorios. Seguramente siempre fui la que menos se aburría. Ahora sí, en venganza a menudo me tocaba la parte más varonil del cuarto: en mi rincón tenía que convivir con un póster de Bruce Lee que me miraba inquisidor con los brazos extendidos y  al acecho. No importó, con el tiempo me familiaricé con la imagen y hasta llegué a sentir que me garantizaba una especie de protección.  Como sea. Cuando somos niños jugamos a ser grandes. Ya cuando somos adolescentes el trabajo comienza a percibirse como un enemigo potencial que no abrirá fuego mientras todo marche bien. Pero un día cumplís 18, se aparece tu viejo y te dice: “te conseguí un laburo, empezás mañana”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que esa noche no pude dormir. Entre todas las profesiones que me había inventado de pequeña nunca habían figurado la de vendedora y menos de mármol y granito. Esa noche fue larga. Mi vida para ese entonces no era muy prometedora: mi única actividad era ir al liceo dos veces por semana a cursar la materia menos motivante de mi vida: matemática de quinto y encima reglamentada. Tenía demasiado tiempo libre (que a mí no me molestaba para nada) y mi padre no tardó en buscarle una solución al problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con 18 añitos recién cumplidos me dieron las llaves del local y me dijeron un rotundo “te vas a encargar de todo”. Ah, el sueldo era mísero, pero cobraba todos los sábados, lo cual no estaba tan mal para solventar mis gastos de ocasión. Me quedé sola en el local. “¿Qué hago?” pensé. Atrás había una especie de trastienda que de inmediato imaginé como futura sala de reunión de amistades. Creo que nunca tomé demasiada conciencia de los productos que llegué a vender. Los artículos iban desde mesadas para cocina, pasando por urnas y plaquetas mortuorias. Sí, ciertamente no era un trabajo convencional. Era mi primer trabajo y mi permanencia en él pintaba bastante deprimente. Sin embargo pronto aprendí todo lo que tenía que saber sobre el mármol y el granito. No era un comercio que se moviera demasiado, en un día de trabajo  a lo sumo entraban cuatro o cinco personas. Eso lo consideré una ventaja y pronto mis amigos comenzaron a considerarlo del mismo modo. El local se transformó en una especie de casa club. En la trastienda se llegó a tomar cerveza hasta donde llegó mi percepción. Siempre había algún amigo de ocasión que pasaba y se instalaba. O sea, todo iba mejor: me estaban pagando por hacer sociales. De más está decir que en tantas horas leí todos los libros que no había leído en mi vida. Así que entre urnas y mesadas desfilaron Nietzsche, Baudelaire y Rimbaud entre tantos otros. Pero bueno, como en toda historia todo no puede marchar tan bien, el elemento dificultoso tenía que ver con los productos que vendía. Un día entró una mujer que se largó a llorar intempestivamente (por dentro yo pensaba, “¿Dónde están mis amigos?”, mientras trataba de justificar el fin de mi adolescencia) contándome que habían matado a su hijo para robarle la campera. Mi función en ese momento fue tratar de contenerla y al mismo tiempo ofrecerle el servicio que había ido a buscar. Entonces mientras mis piernas querían salir corriendo y llevarme de ese lugar para siempre, le ofrecí a la desolada mujer todas las variantes de las plaquetas que requería. Yo tenía que anotar la leyenda en un papel y mandarla por fax a la fábrica. No me acuerdo cuáles fueron las palabras que me dictó, pero ese día llegué a mi casa llorando y con la certeza de no querer volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tuve que volver. Esto no era un juego en donde das vuelta el tablero cuando te aburriste de perder. Era real, era un jodido trabajo.&lt;br /&gt;Pronto el lugar dejó de causarme el efecto escalofriante que experimentaban todas las personas que llegaban. Por mi salud mental había optado por liberarlo de la significación que en verdad tenía.  Me había llevado una tele para sobrellevar las largas e interminable horas y, no teniendo otro lugar donde enchufarla, la coloqué arriba de una urna (que por supuesto no era de sufragio). No sé si era peor ese cambalache que los programas de la tarde de la Tv. abierta. En fin, llegué a ver más seguido al bizarro Guido Süller que a mi propia madre. En este tipo de trabajo, el “trabajo” consiste en no sucumbir a la deprimencia del entorno y buscar el entretenimiento por todos los medios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día llegaron a entrar nueve personas distintas ofreciendo o vendiendo algo. Pero sin dudas fue uno de esos personajes el que se ganó un lugar privilegiado en mi memoria. Lo vi venir desde lejos. Ese día llovía y a las cuatro de la tarde el cielo ya ofrecía cierta oscuridad tormentosa. El sujeto vestía un sobretodo largo y cargaba con un maletín en una mano y una enorme bolsa negra en la otra. Su misión: convencerme en menos de diez minutos de que le permitiera dejar la bolsa en cuestión en el local mientras él se iba a vender puerta a puerta sus productos. “¿Qué vendés?” le pregunté y me contestó: “Si te digo te vas a reír”. Dentro de mi hastío el tipo me calló simpático y accedí a su pedido. Sí, la inocencia es arena fina en el reloj de la madurez. Le advertí que cerraba a las siete y me dijo que no me preocupara que antes de esa hora retiraba sus pertenencias. Se fue. Empezó a pasar el tiempo. La bolsa me interpelaba desde su rincón. De pronto empecé a especular. “¿Y si es droga? ¿y si es algo robado y el hijo de puta me cagó?” Entonces me acerqué y con precaución y cautela estiré el brazo y la abrí. Un ojo me miraba fijo. Era un ojo azul, redondo como la perfección. Abrí un poco más la bolsa y una orejita armilla asomó. Era de peluche. Eran osos de peluche!!!! El hijo de puta vendía juguetes!!! A no ser, claro, que los osos contuvieran en su interior alguna sustancia, me consideré tranquila y satisfecha.  Faltaban diez para la siete y el sujeto apareció. Estaba empapado. Traía su maletín en la misma mano de antes. “Me trajiste suerte”, me dijo y abriendo el maletín arriba de la mesa (en ese momento temí que sacara un 38) extrajo de su interior otra bolsa, mucho más pequeña, llena de golosinas. “Son para vos” me dijo. Y mientras yo pelaba con esmero un caramelo Cande el sujeto se alejó con su sobretodo y su bolsa sospechosa. Años después lo volvería a encontrar. Ahora su oficio era el de soldado en una empresa de recursos humanos. Me entrevistó pero supe que no me había reconocido. Evidentemente le caí bien porque obtuve el trabajo. Nunca le mencioné a los osos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-116398782088841720?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/116398782088841720'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/116398782088841720'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/11/maravillosas-ocupaciones.html' title='Maravillosas ocupaciones'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-116154823920989346</id><published>2006-10-22T18:11:00.000-02:00</published><updated>2006-10-22T18:17:19.220-02:00</updated><title type='text'>Cazador solitario</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Desde aquí escucho el ruido de la batidora que mi madre acaba de encender en la cocina y pienso en las grandes posibilidades que tiene el aparato de convertirse en una arma de destrucción más- iva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En verdad no me acuerdo bien, pero hace mucho leí un cuento de Ray Bradbury llamado “La multitud”. Alguien era atropellado y en seguida se amontonaban en torno a su cuerpo mal herido decenas y decenas de ojos. Su soledad maltrecha se acrecentaba rodeado de personas. Multitud, sociedad, grupos  y una inmenso retraimiento personal que se sufre más que estando solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ruido de la batidora sobrevive a mis intentos vanos de aproximar recuerdos a la memoria. Siempre hay algo intrusivo en todo lo que uno no elige. Es la otredad (solo quería escribir esta palabra, suena tan importante!) lo que nos hace cómplices de la nada, ese postre perfecto que ayuda a digerir el guiso del disturbio interno.&lt;br /&gt;“El hombre es un ser social por naturaleza” es la primera oración que aparece en el desgastado libro de Derecho de Vescovi. Hace varios años  tuve que estudiarlo bajo presión porque fue la penúltima materia que me quedó pendiente antes de dar el salto a la escatología del uni-verso.&lt;br /&gt;Ser social por naturaleza. La naturaleza y el instinto son conceptos que generalmente tienden a ligarse. Habría que ver, pues, qué tan instintivo es el asentamiento mísero de una sociedad (ya sea primitiva o evolutiva, después de todo da igual. El tapa rabos sigue existiendo como rito aunque el mito sea otro). Una vez dentro de ella, todos sabemos, es casi imposible tratar de sortear las normas que convencionalmente (y simpatizo poco con esta palabra) se nos han impuesto. Parece una visión un tanto trillada, es cierto, pero me quiero referir a aspectos más sutiles. No es que quiero dinamitar el parlamento al mejor estilo V.  El “instinto” ha sido traicionado. Todo se reduce de pronto a un tablero del Ludo, en donde la máxima aventura consiste en ir en línea recta hacia adelante para depositarte estáticamente en algún otro lugar. Llega tu turno y tirás los dados sabiendo que el azar no te promete nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces me veo obligada a traicionar el estado de ánimo. La tristeza, por ejemplo, es un sentimiento individual, o mejor, debe serlo. El grupo tiende a cotizar la alegría, no los estados críticos. Tristeza, melancolía, son sentimientos vetados por el grupo. El aparato social condena todo lo que tenga que ver con los “malestares del espíritu”. La tristeza no es eficiente ni mucho menos productiva. El sujeto se ve obligado a dejar “los problemas afuera” cuando entra a cumplir una jornada laboral que no hace más que contribuir a su desdicha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tristeza es un estado de ánimo que se purga solo y resulta incómodo no disimularla. Incómodo para uno, que termina exponiendo los titulares de todas sus miserias; incómodo para los demás: nadie está preparado para que le respondan “mal, ¿y vos?” a la previsible y oxidada pregunta de “¿cómo estás?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay pocos sentimientos cómplices. Estoy por empezar a respetarme los estados de ánimo. Un poco triste, es cierto. Disculpen la incomodidad de mis palabras. La batidora sigue prendida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-116154823920989346?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/116154823920989346'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/116154823920989346'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/10/cazador-solitario.html' title='Cazador solitario'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-115936035483240983</id><published>2006-09-27T09:30:00.000-03:00</published><updated>2006-09-27T09:34:24.046-03:00</updated><title type='text'>Welcome to the jungle</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;Cada vez es más abundante esa especie de fauna mecánicamente equipada que suele denominarse turista o grupo de turistas, o gente que pulula por el sitio de ocasión con cámara de fotos en mano a modo de rifle cazador en busca de marfil. Uf!!! En el otro extremo del pastel se puede notar el advenimiento de parques temáticos en todo el mundo. Sinceramente no tengo noción de en qué momento de nuestra era comenzó esta moda. Tal vez haya sido por la película Jurassic Park, pero eso es otra historia. Lo cierto es que los parques temáticos existen y los hay para los gustos más diversos. Pues bien, me pregunto entonces por qué motivo los turistas acceden con voracidad a visitarlos. El parque temático por lo general recrea realidades inexistentes o inaccesibles o a la experiencia humana. Y ojo, que no necesariamente tiene que ser algo extravagante para entrar en la categoría de tal, cualquier zoológico puede ser factible de serlo. Al fin y al cabo también es un fragmento de realidad insertado en la cuidad que reduce su referente a la mínima expresión. Ahora bien, la dinámica de la clase turista ha aumentado, el turista no conoce un lugar, se lo traga y lo eructa a través de un instantáneo flash para luego darlo por visto. Si yo viajara un día a Egipto, por ejemplo, me gustaría ver las pirámides directamente y tocarlas si es posible. Gracias a la fauna turista eso no va a ser posible, pues bien, tendré que limitarme a contemplarlas a varios metros de distancia. El turista estereotipado no solo se caracteriza por su incontinencia fotográfica sino también por su cultura souvenir. Una cosa es llevarte el jaboncito del hotel, otra es ir a rasquetear una escultura Griega para llevarte el pedacito de piedra con el que vas a volver a tu país y le vas a decir a tus amigos “che! yo estuve en Grecia, tengo pruebas!!” al tiempo en que no dudas en sacar la bolsita que contiene el pedacito de eso que un día fue una escultura entera. Como la cultura souvenir depredadora es un problema para el patrimonio histórico se han tomado varias medidas. O bien se ha optado por cercar el monumento o pieza en cuestión para mirarlo de lejos y si, obvio, sacarte la foto; o lo que es más insólito todavía, se ha llegado al extremo de construir una reproducción cerca del original y negarle a los turistas el acceso a éste último.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero lo que realmente más allá de todo esto me llama la atención es un dato que me enteré hace poco. En estados Unidos, no contentos con el éxito de Disney World, lo último fue la construcción de un parque temático del Tercer Mundo. Ejmm! Dije bien: Un parque temático del Tercer Mundo. Supongo que el turista va, saca un par de fotos y en media horita da por visto América del Sur. Tal vez África le insuma un poquito más de tiempo. Y me pregunto cómo será ese parque temático construido desde la perspectiva imperialista. Acompañadme pues, a este breve recorrido imaginario por esa reproducción fantástica de este sitio donde vivimos:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;La puerta de acceso es gigante, de madera tapada por extensas enredaderas estilo Indiana Jones y el templo de la perdición. Antes de entrar le advierten al turista que el recorrido es sobre agua y le aseguran que arriba de las precarias balsas de madera no corre ningún tipo de riesgo. Una vez aclarado este punto lo proveen de chaleco anti balas y casco camuflado y le advierten que se lo ponga sobre todo a la altura de un lugar que se llama Colombia. Una vez traspasado el umbral, a modo de Mickey que da la bienvenida aparece un imitador del sub comandante Marcos que le apunta con la metralleta y le dice “Welcome” a través de su pasamontañas. Como si se tratara de una especie de rural del prado cada país está representado por un stand con sus objetos o personas (en este caso da igual) más significativas. De más está decir que todos los personajes están interpretados por latinoamericanos que no encontraron un trabajo mejor en el big dream. En el stand de Venezuela le permiten al visitante detener la balsa para tirarle cocos a la sonriente cara de Chávez, al tiempo que se escucha música caribeña mientras alguien desde el control sube la temperatura e intensifica la luz del foco que oficia de sol. En Colombia empieza a caer del techo un rocío a modo de humedad, mientras que por un altoparlante le avisan al turista que se ponga el casco ya que hay unos guerrilleros camuflados en la selva del stand que no dudarán en dispararle balas de utilería al más mínimo movimiento. Podría considerarse que este es el stand que más repercusión tiene ya que es el que mayor adrenalina genera. En Bolivia, Perú y Ecuador dejan que el visitante se saque fotos junto a esos personajes de rasgos tan extraños. En Chile, Pinochet le cuenta chistes a los más chiquitos desde su silla de ruedas y les da tips de cómo torturar a Ken y a Barbie de la forma más efectiva, al tiempo que hay una caja de material proscrito en donde se asoma un documento con tres letras: All. En Brasil, por supuesto samba, mucha samba y Lula bailando con Groening, mientras que Bart invita al turista a una fabela mientras le dice: d pelos!!! es exótico!! En Paraguay hay una pequeña capacitación que se detiene sobre todo en la explicación de tres términos: frontera, contrabando, re venta. De regalo, cigarrillos Eco recién decomisados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;Ya en Argentina le detienen la balsa con un piquete, mientras que otros dos tipos se alternan permanentemente diciendo “quiero! Vale cuatro!” Por supuesto siempre hay un medio de comunicación argentino en el lugar del hecho, entonces el turista en éxtasis total filma y es filmado. Este recorrido también es popular a la salida. Ya cuando piensa que va a ser escupido pronto a la seguridad del exterior, todavía queda por visitar un stand. Es el último y es el que sorprende más a los turistas. En el stand de Uruguay hay dos uruguayos tipo haciendo de uruguayos tipo. Su función es asediar al turista con una extraña infusión verde, mientras la música de fondo escupe hits de Pablo Estramín, Canario Luna, y José Carbajal entre otros. El turista, que a estas alturas ya está en estado de total descompensación, pronto es expulsado, con balsa incluida, al territorio certero de donde piensan, nunca deberían irse. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;A la salida hay un afiche gigante del Che Guevara con unas letras impresas que rezan lo siguiente: thank you for visiting us. Don’t be scared. The nightmare has finished. Hasta la Victoria, baby.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-115936035483240983?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/115936035483240983'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/115936035483240983'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/09/welcome-to-jungle.html' title='Welcome to the jungle'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-115615845055731079</id><published>2006-08-21T08:06:00.000-03:00</published><updated>2006-08-21T08:09:33.116-03:00</updated><title type='text'>I am the little sister</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;Tenía casi nueve años cuando escribí lo que sería mi primer artificio. Con ocasión del día del libro la maestra había pedido al alumnado que tratara de crear un cuento para ser leído en clase. Mi cuento salió favorecido y luego me obligarían a leerlo en el salón multiuso de la escuela, en un acto en el que tendríamos un escritor uruguayo invitado. La pena es que yo no me acuerdo si leí mi cuento al lado de Levrero o de Tomás de Mattos. Me acuerdo que el escritor vino y me felicitó. Era viejo. A los nueve todos son viejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escuela es uno de esos lugares en donde el sentido de pertenencia se vuelve ley en el oeste lejano del patio. Una ley tramposamente incuestionable dada la corta edad de todos los seres que quedan sometidos a ella. El espacio comprendido entre la primera fila del salón y el primer ladrillo de la pared del pizarrón, es un espacio al que nadie quiere acceder. Es ese el fragmento de terreno que te hace saber por primera vez que existe el miedo y la presión. Pasar al frente es el primer síntoma de un mundo repleto de pizarrones en donde siempre hay que apoyar la tiza y justificarse por algo. El pizarrón es uno de los objetos más siniestros que conozco y supongo que su color negro no es arbitrario. Da lo mismo la imagen metafórica de cualquier abismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese pizarrón pues, siempre tenían más cabida los números que las letras y reconozco que nunca simpaticé con los primeros. Estuve confinada a las letras desde el día en que dos más dos me dio cinco. Sin embargo, mi afición a la combinación abecedaria no fue un mero descarte autocompasivo, sino una toma de partido por aquellas que día a día libraban una lucha frente a los números, y que perdían sistemáticamente frente a signos de más y de dividir. De multiplicación no tanto. Este signo era le comodín del abc camuflado. Dividir no sé, pero todos sabíamos multiplicar. Era la x (letra o por) que nos ayudaba como podía desde la trinchera opuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo pronto me vi enfrentada a un grave obstáculo: las letras (esos entes que obtenían de mí tanto apoyo) comenzaron a hacerme la vida escolar un tanto más complicada. Desde primero a quinto fui malísima en ortografía. Sucedía que la ortografía era la matemática del lenguaje, la parte sistemática, el lado oscuro de eso que me gustaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermana mayor pronto descubrió mi paradójica relación con le lenguaje y siendo muy astuta en su cometido comenzó a desvelarme por las noches leyéndome en voz alta. De Quiroga no me leyó “Las medias de los flamencos” sino “El almohadón de plumas”, cuento que se transformaría en mi preferido hasta muy entrada la adolescencia. A los diez y a los once yo hablaba de Edgar Poe con la misma propiedad con la que hablaba de los Snorkels.&lt;br /&gt;A esos momentos con Hermana mayor le debo varias cosas: las ganas que me dieron de empezar a leer por mi cuenta; la solución a mi problema de ortografía; y el gusto por la noche, cosa que aún hoy permanece vigente. Cómo olvidar la noche en que Hermana mayor me leyó “Continuidad de los parques” de Cortázar. Todavía conservo la fotocopia amarillenta y terminada a máquina de escribir. Ese cuento me gustó tanto que hasta el día de hoy me lo sé de memoria con puntos y comas. Está bien, no es algo demasiado trascendente pero hay que reconocer que un poema con métrica despierta menos desafíos a las habilidades mnemotécnicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando cumplí quince años fue Hermana mayor la que me hizo uno de los regalos más significativos de todos mis tiempos: “Las mil y una noches”. Ella, que había sido la Sherezade de mi niñez depositaba en mi mente y en mi biblioteca una obra que me sería imprescindible (aunque esto último suene a aviso de las colecciones Larousse).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquella primera creación a los nueve años no paré de escribir y sin dudas cuando hoy leo mis escritos de años atrás me parecen mucho más sinceros y complejos que los actuales aun cuando las faltas de ortografía me revientan los ojos. De chica quería ser escritora, pero con el tiempo me fui dando cuenta de que todo el mundo quería ser escritor, y abandoné mi ambición al percibir demasiado olor a profesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, todo era un tanto más utópico cuando de niña creía en la inspiración. Más tarde adquiría una nueva palabra y un nuevo concepto: técnica. “¿Para qué sirve un escritor sino para destruir la literatura?” Una frase que alguien dijo y que por algún motivo me viene a la mente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el paso del tiempo no abandoné la faceta de escritura pero ya no tuve aspiraciones de publicaciones de libros ni tentativas imaginarias de posibles nombres. Algo se había corrompido. Fue así como quise luego ser periodista ganándome un titulillo que me habilita para ser una usurera de las palabras, una mercader del sentido. Da lo mismo un periodista que un vendedor de Tupperware. La caja de Pandora gira adentro del microondas... 3...2...1... Fin del mundo del fin.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-115615845055731079?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/115615845055731079'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/115615845055731079'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/08/i-am-little-sister.html' title='I am the little sister'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-115521051141925964</id><published>2006-08-10T08:47:00.000-03:00</published><updated>2006-08-10T08:50:37.130-03:00</updated><title type='text'>NUESTROS NOMBRES</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;Tengo una compañera de clase que se apellida Bukowski. No sé si es más importante que llamarse Ernesto, pero... en fin. Estaría bueno que a esta compañera no le guste Bukowski (el autor) y por lo tanto reniegue de su apellido. Yo que sé. El apellido de uno es un suceso extraño, ni siquiera es algo que se le ocurrió a tu madre cuando te tuvo en brazos y dijo: “¿no tiene cara de Pedrito?”; es algo peor, algo que se arrastra forzadamente a lo largo de la historia sin que uno pueda deshacerse de él, te guste o no. Y cuando los apellidos tiene connotaciones... o da la casualidad que te apellidás igual que un torturador y tenés que vivir con la sospecha de todos aquellos que escuchen tu nombre. Esa gente seguro no la tiene fácil en el registro de la cédula. Pero cuando te apellidás como un escritor algo pasa. O vivís renegando internamente porque realmente no te gusta, cada vez que alguien te dice “che, te llamás como el escritor” o no tuviste otra que leerte todas las obras del tipo, y auto convencerte de que te gusta para llevar tu apellido con el orgullo que eso implica. Sea como sea, no hay nada como los apellidos que aparecen en las leyendas de la fotos de la revista Galería. Cuando uno ve eso saca las conclusiones de que a cuanto más apellidos más abultada la cuenta bancaria, más caras de chetas feas y más alto el nivel de caretaje. Ni hablar del chetaje apellidado Pérez o Rodríguez... ahí el segundo apellido tiene que salir sí o sí. Supongo que en este caso la desgracia más grande de un hijo de Pérez debe ser que su madre también se apellide Pérez. “Familia Pérez Pérez” una excelente leyenda para las fotos de Galería. Es así. El apellido puede llegar a ser motivo de orgullo para uno y karma para muchos otros. En el liceo tenía una compañera de esas que, además de ser lindas, saben que lo son. Una vez íbamos saliendo del liceo al encuentro de su cita a ciegas. Me agarró del brazo y me dijo al oído: “Por favor, no le digas mi apellido”. Yo guardé el secreto, aún sabiendo que se apellidaba Sardina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De regalo con esta edición un poema de Bukowski:&lt;br /&gt;(Algo que nunca te van a enseñar en la Licenciatura en Letras)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que risa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sería bueno salir&lt;br /&gt;de acá,&lt;br /&gt;irse,&lt;br /&gt;reventar, huir&lt;br /&gt;de los recuerdos de todo&lt;br /&gt;esto,&lt;br /&gt;pero quedarse tiene su&lt;br /&gt;sabor también:&lt;br /&gt;todas esas nenas que&lt;br /&gt;creían estar&lt;br /&gt;muy fuertes&lt;br /&gt;y ahora viven en sucios&lt;br /&gt;departamentos&lt;br /&gt;mientras esperan&lt;br /&gt;el próximo capítulo&lt;br /&gt;de la telenovela,&lt;br /&gt;y todos esos tipos&lt;br /&gt;esos que de veras&lt;br /&gt;creían&lt;br /&gt;que iban a conseguirlo,&lt;br /&gt;sonriendo en el&lt;br /&gt;álbum del colegio con sus&lt;br /&gt;caritas lozanas,&lt;br /&gt;ahora son&lt;br /&gt;policías,&lt;br /&gt;empleados,&lt;br /&gt;encargados del puesto&lt;br /&gt;de choripanes,&lt;br /&gt;peones del hipódromo,&lt;br /&gt;huellas en el&lt;br /&gt;polvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es bueno quedarse&lt;br /&gt;por acá&lt;br /&gt;y ver qué&lt;br /&gt;les pasó a&lt;br /&gt;los demás-sólo que&lt;br /&gt;cuando vayas&lt;br /&gt;al baño,&lt;br /&gt;evitá el espejo&lt;br /&gt;y&lt;br /&gt;no mires&lt;br /&gt;lo que el agua&lt;br /&gt;se lleva&lt;br /&gt;cuando tirás&lt;br /&gt;la cadena.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-115521051141925964?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/115521051141925964'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/115521051141925964'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/08/nuestros-nombres.html' title='NUESTROS NOMBRES'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-115330799268638445</id><published>2006-07-19T08:18:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T08:32:14.436-03:00</updated><title type='text'>Lluvia de papelitos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;“Estamos contentos de dar esta noticia: Uruguay ganó en la Haya”.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; Con esta frase arrancó el informativo nocturno de canal doce el 13 del corriente mes. Con el problema de las papeleras (significado que se ha desplazado de forma increíble, cuando se dice “papelera” ya no se me representa una canasta de metal sino un par de chimeneas humeantes) ha ocurrido algo que no sucede muy seguido. Hay mucha gente disconforme con el gobierno del Frente Amplio. Esos que están disconformes se dividen entre los que lo votaron y siempre lo hicieron y manifiestan una decepción moderada; los que lo votaron por primera vez y manifiestan una decepción de “me subí al carro” y los que nunca lo hicieron y reniegan de la izquierda sin considerar que el frente amplio es ante todo un partido, no una corriente ideológica. Ahora bien, los medios de comunicación se han apropiado del problema “papeleras” subestimando la capacidad crítica de la audiencia de una manera increíble. Que nos quieran pasar gato por liebre mostrándonos como “en directo” un recital de los Rolling Stones que había sido el día anterior, bueno... son cosas a las que estamos acostumbrados ¿no?; pero que los mcm sean tentáculos tan evidentes del poder de turno... parece que se olvidan que los aparatos ideológicos del estado siempre corren el riesgo de generar discursos alternativos. Sucede que en este país, si emergen ese tipo de discursos, tienen el mismo tiempo de duración que un futuro ejecutado frente al paredón. Ahora bien, como dice el viejo dicho popular la culpa no es del chanchito... Esos mismos que están disconformes con el gobierno festejan que Uruguay haya “ganado” el conflicto en la Haya. Por favor, hasta dónde es capaz de llegar todo este circo de papel. Cómo se puede estar en contra y/o arrepentido de haber votado a este gobierno y luego festejar por una medida que es un negocio político por el cual algunos pocos y los hijos de sus hijos, vivirán el resto de sus días. Un negociado que permite por primera vez el acuerdo entre Frente Amplio, colorados y blancos. Acaso nadie desconfía de eso. Está bien. Ya nos dimos cuenta. La izquierda (como ideología) no tiene lugar en este país, simplemente porque el gobierno una vez que asumió el poder del estado, se olvidó del pequeño detalle de ser oposición y actuar en consecuencia. Entonces, como sabemos que todo es parte de la misma bolsa y que el poder es más eficaz que el tiempo a la hora de corromper, la lluvia de papelitos cae indefinidamente delante de cada par de ojos. Uruguay, un país que no existe en el mapa del mundo, no fue al mundial, pero le “ganó” el partido a su rival más conocido. Todo el pueblo unido bajo un mismo slogan: no sabemos nada, pero le ganamos a Argentina. El pequeño chanchito se regodea en su barro y en su mierda. El olor a porquería se ha vuelto costumbre y por la tanto ya no se percibe. Ni un Lysoform gigante podrá ayudarnos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-115330799268638445?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/115330799268638445'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/115330799268638445'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/07/lluvia-de-papelitos.html' title='Lluvia de papelitos'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-115137572186535490</id><published>2006-06-26T23:25:00.000-03:00</published><updated>2006-07-19T08:30:55.810-03:00</updated><title type='text'>La música de la luz</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;Sofia Coppola va tener que esmerarse para volver a dirigir una película tan sutil como “Lost in translation”. “Perdidos en Tokio” es la traducción al castellano que, tal como estamos acostumbrados a soportar todos aquellos que vivimos del ecuador para acá, no significa exactamente lo que denota el título original. Este, acompaña la sutileza que propone la película, el segundo es nada más que la muestra más evidente del argumento. La traducción más literal podría ser, precisamente “Perdidos en la Traducción” en dónde esta última palabra es fundamental ya que le da el anclaje de significación a los planos connotativos de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Lost in translation” es una película simple o que parece serlo, en donde lo relevante no es lo que se dice, sino por el contrario, lo que no se dice. Se trata de una película cuyo texto narrativo se construye sobre los silencios, en donde estos no actúan como bache del guión sino que son constitutivos del mismo. Se podría decir, en una interpretación psicocrítica que “la ausencia no es la falta, es la huella de todo aquello en cuyo lugar está el texto”[1].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las dimensiones de la cuidad y su ritmo, sobre todo, acentúan ese “nopertenezcoaningúnlado” que Bob y Charlotte, los protagonistas (interpretados por Bill Murray y Scarlett Johansson, respectivamente) parecen tener escrito en un cartel invisible colgado del cuello. La película presenta varias situaciones en donde el lenguaje adquiere papel protagónico. Bob, es un actor veterano que viajó a Tokio para filmar un comercial de whisky. La escena de la filmación de comercial resalta sobre todo aquello que se pierde ahí cuando el idioma nos separa. En el medio, una traductora desesperada al no poder traducir lo intraducible, y un inmutable Bill Murray que parece resignarse ante la falta de un entendimiento que va más allá del set de filmación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin dudas “Lost in translation” es una película en donde se habla poco y los relativos pocos diálogos que hay no son tan relevantes comparados con todo lo que no se dice. Al ser una película construida desde los silencios, es más importante lo visual (sin duda es certero el lenguaje cinematográfico que se vuelve tan evidente como la película lo requiere) y sobre todo lo gestual. No es arbitrario que Coppola haya elegido como protagonista a Bill Murray, un actor que nunca se olvidó de ejercitar los músculos de su cara para lograr, con un gesto elíptico, el motivo de toda una escena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vínculo que contraen Bob y Charlotte es tan sutil como la película lo permite, lo que produce que la cursilería se aleje por completo del universo que plantea la relación. Lo que en ésta pasa a un primer plano es una suerte de sensualidad descreída, que se potencia a medida que avanza la historia. Coppola crea la tensión entre ambos personajes y retarda el clímax (no tanto el de la película como sí el de los protagonistas) lo que resulta acertado, sobre todo porque la película no está pensada desde una perspectiva efectista. En “Lost in translation” el silencio es el revelador del fotograma, no oscurece la trama sino por el contrario, arroja luz sobre ella y la hace aparecer allí donde creemos no ver nada. Lo más rescatable es precisamente la amalgama que se logra entre los distintos niveles que implica el lenguaje cinematográfico. Está bueno que parezca una película en la que no pasa nada, pero que a su vez eso no se transforme en un sin sentido a la hora de evaluar el resultado final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de la despedida entre Bob y Charlotte, la última escena los vuelve a reunir. Algo había quedado por decirse. En secreto. Por supuesto. No imaginé un final mejor.&lt;br /&gt;Lo siento, acá el asesino no es el mayordomo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;[1] Morales Ascencio, Helí. Escritura y Psicoanálisis. México: Siglo XXI, 1996&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-115137572186535490?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/115137572186535490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/115137572186535490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/06/la-msica-de-la-luz.html' title='La música de la luz'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-114783808177743310</id><published>2006-05-17T00:53:00.000-03:00</published><updated>2006-05-17T00:54:41.790-03:00</updated><title type='text'>Eso no se vale!</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando entré por primera vez a una clase de literatura inglesa, no tenía demasiadas expectativas. Supongo que se debía a una cierta decepción experimentada unos días antes por algunos motivos de poca relevancia, al menos para todos aquellos que no sean yo misma. Como decía, entré a la clase y me senté en el fondo, lugar estigmatizado si los hay, aunque estemos hablando de la Universidad. En ese lugar uno está, pero permanece protegido bajo la sutil gracia que nos da el sentirnos un tanto invisibles. Además, si vamos al caso, no soporto sentir respiraciones en la nuca. Entonces voy y sostengo la pared que queda a mis espaladas, escucho y observo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las clases de literatura tienen características especiales que parecen ser inherentes a ellas mismas. Hay que hacer una salvedad, cuando digo “clases de literatura” me refiero a todas sus variantes (francesa, inglesa, nórdica... en fin) no al tipo de materias denominadas teoría literaria 1, 2, 3... en fin. En esas no me viene la desilusión, y tengo claro que me gusta más el análisis del discurso que el discurso en sí. Las clases de literatura por momentos se tornan una terapia grupal. Es imposible desterrar el “a mí me parece...” o el temible “yo creo que”. Vamos, joder! Que un salón de clases no es un templo de oraciones. Algunas personas entran a deshilachar oralmente un monólogo que nunca debió haber dejado de ser interior. Entonces por momentos el profesor se transforma en un sacerdote, que preside una misa en donde ya hay demasiados fieles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo al principio. Vuelvo a literatura inglesa de donde nunca debí haberme ido. James Joyce va a ser el objeto de nuestro estudio de aquí a que termine el semestre. La clase pasada dimos el cuento “Un encuentro” localizable en su libro Dublineses. En ese momento no tenía el libro, así que tuve que conformarme con escuchar mientras un compañero lo leía. Estuvo buena esa clase. O el cuento me gustó demasiado y me hizo pensar en varias cosas, por ejemplo, en la posibilidad de escribir este post. Joyce fue una especie de pionero, siguiendo la línea de Ibsen, a la hora de incluir motivos condenados por la sociedad Victoriana de la época. El alcoholismo y la sumisión de la mujer, por ejemplo, son algunos de los temas que tenían como fin poner en evidencia los aspectos más criticables de esa sociedad. En “Un encuentro” el tema es el acoso sexual. El protagonista, un niño en edad escolar al que el juego cotidiano se le ha vuelto rutina, desea vivir una “aventura real”. Un día se escapa del colegio junto a un amigo y conocen a un personaje siniestro, que será el punto de inflexión en la articulación total del cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si bien el niño protagonista tiene la misma edad que los amigos que aparecen en la historia, el personaje se nos presenta con una especie de madurez que lo distingue del resto de sus pares. La historia está contada desde su punto de vista y, desde esa perspectiva, no hay un análisis profundo y acabado de los hechos y situaciones. La niñez y la pérdida de la inocencia, son temas reiterados en la literatura universal. Desde el pequeño Chinaski, el Cecé de Mi planta de naranja lima o Silvio Astier, el Juguete Rabioso de Roberto Arlt. El asunto no es tanto la fábula, sino qué artificios emplea Joyce para plantear en un mismo cuento, aspectos que van más allá del tema explícito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juego y el deseo son fundamentales para entender los mecanismos que nos plantea “Un encuentro”. Mientras que aquel personaje siniestro se les instala y experimenta delante de ellos una suerte de masturbación verbal, los dos amigos viven la situación de manera diferente. Mahony, el amigo que duerme “el eterno sueño del inocente”, toma la situación como el niño que es, y en verdad no le importa demasiado lo que aquel horrendo ser está diciendo. El protagonista sin embargo, atraviesa un proceso más profundo y entonces siente miedo, porque hay algo que experimenta por primera vez: la decepción. Decepción consecuencia de la espera. La aventura se ha convertido de pronto en algo demasiado real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juego (ese “hacer de mentira”) propone un espacio lúdico-creador, instaurador del simulacro en una realidad paralela. No se desea lo que se tiene, y se añora lo que se ha perdido. El viejo desata su verborragia impúdica evocando sus años de juventud. El niño se ha cansado del juego y, un par de escalones arriba de su niñez, desea dar el salto al mundo adulto. Pero sucede que ese mundo tiene sus propias reglas y se cotiza en una bolsa carente de códigos. Eso no pasa en el universo del juego. Cuando uno es niño, no empieza a jugar hasta que no se tienen claros los roles y las disposiciones del juego en cuestión. Siempre existe un “eso no se vale” mediante el cual se hace efectivo el descontento. No nos decepcionamos en el juego, porque asumimos su instancia ficcional. El protagonista no sólo se encuentra con un viejo sátiro, se encuentra con un tablero en el que cualquiera tira los dados a su antojo. A veces lo llamamos impunidad. El cuento termina con la palabra “desprecio”. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-114783808177743310?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/114783808177743310'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/114783808177743310'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/05/eso-no-se-vale.html' title='&lt;strong&gt;Eso no se vale!&lt;/strong&gt;'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-114584326997438951</id><published>2006-04-23T22:46:00.000-03:00</published><updated>2006-04-23T22:47:49.986-03:00</updated><title type='text'>Royale with cheese</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sucede que cuando Quentin Tarantino estrena película trato de verla.  El tipo se ganó un lugar como director, eso está claro. ¿Había entonces alguna necesidad de aparecer en los créditos de una película tan mala como Hostel? No,no. Quedate en el molde Quentin, si te vas a arriesgar es porque querés dirigir a tu estilo una historia que merezca ser contada.                                     &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hostel es la previsible película de terror perteneciente a la camada que se ha estrenado en los últimos tiempos como La casa de cera, o alguna de esas. Sucede que si uno fue a ver La casa de cera, no iba esperando nada más que lo que una actuación de Paris Hilton podía dar. La cosa cambia cuando Tarantino aparece en los títulos de la promoción. Una gran mentira. Lo sabía, pero igual fui. &lt;br /&gt;                       &lt;br /&gt;Hostel pretende ser algo a lo que no se aproxima en lo más mínimo. La historia básicamente  se resume a tres pibes yanquis, con dinero para gastar (obvio), que están recorriendo Europa como todos los pibes yanquis al pedo con mucho dinero para gastar. Imagínense el típico estereotipo de idiota (jo jo jo) que te dan ganas de matar. Ya desde el vamos no hay ni un esfuerzo mínimo por romper el dogma del protagonista joven y boludo.  Pero eso no es lo peor de la película. Estos chicos sólo quieren divertirse y en este tipo de pequeñas mentalidades lo único que existe es sexo, querer coger, querer coger, querer coger. Estos protagonistas no alejan sus pensamientos de ese lugar y será ese motivo el que hará avanzar la acción de los personajes. Arrancan en Holanda, (ay!, si tan sólo pudiera haberme quedado con aquel recuerdo de Vincent Vega narrando su paso por Ámsterdam) muchas prostitutas de escaparate, en fin, la visón más evidente de un país que seguro da para más, con monarquía y todo. Una noche conocen a un tipo que les dice algo así como “si quieren minas vayan a Eslovaquia, ahí las chicas quieren sexo todo el día” y obviamente, como tres zombis se dirigen hacia allí. Llegan a un hostal y comparten la habitación con dos chicas, una rusa y otra local que de entrada los invitan a un spa. Sí, estas nenas serán las malas, parte del plan siniestro. Oh, no!&lt;br /&gt;Los tres protagonistas son secuestrados uno a uno. La historia es que hay una organización mediante la cual, cualquier persona pagando una módica suma, tiene derecho a torturar de las forma que se le ocurra a cualquier boludo que ande por ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que tengo memoria la mirada occidental se ha vuelto con recelo hacia el lado oriental de Europa. Hay una especie de visión temerosa  con respecto a los países de Europa del este. Actualmente la mayoría de esos países ya entraron a la Comunidad Europea y siempre hubo inquietudes por parte de Inglaterra, Francia y España. Hay gente que piensa que la gripe aviar, por ejemplo, es  parte de un gran plan para fomentar el miedo y detener la circulación y el paso de fronteras en el continente europeo. Sobre todo detener a personas del Este que intentan alejarse de ese lado, precisamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La película plantea una visión tan básica y letal que me provocó ganas de irme del cine.  Ingenuamente se nos presentan a los habitantes de Europa del este como “los malos”, gente de temer, y sobre todo de desconfiar. De repente uno se encuentra simpatizando  por “los buenos” (eso nenes que ya describí más arriba: yanquis, ricos, pajeros y boludos ay!!!!!) El discurso que parece emanar todo el tiempo en la película es “en mi país eso no pasa”. Una vez más el sueño americano, por dios!.  Cuándo va a ser el día en que algún estadounidense (dejemos a M. Moore fuera de esto, yo pido otra cosa) se digne a contar la historia al menos con un gramo de veracidad. Cuándo va a ser el día en que el in/ conciente colectivo yanqui vincule la palabra “tortura” directamente con su país y no con los países de Europa del este. Como si la U.R.S.S se hubiera tratado de un gigantesco iceberg, países como Eslovaquia o Ucrania siguen  siendo vistos como pedazos de hielo desprendidos y a la deriva del continente. Y encima son pedacitos de hielo con antepasados comunistas, oh no!!! Vamos, la ingenuidad ya  no tiene lugar en este mundo, excepto para los idiotas que estaban sentados atrás mío en el cine, y algunos de más arriba, y algunos del costado y de más allá, aaaaaaahhhhhh!!!!  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como para darle el toque cool y a modo de guiño cómplice, cuando los protagonistas entran al hostal hay una pequeña tele prendida por la que se puede ver por un instante la escena de Pulp Fiction denominada en el track del disco “Ezequiel 25:17”.  Es un recurso ya tan obvio que ni siquiera me emocionó.&lt;br /&gt;Quentin, no había necesidad. Que comercialices tu nombre como una marca para darle un poco más de estatus pop algún que otro producto, bueno, vaya y pase. Pero que lo prestes para aparecer en los créditos de películas  de tan baja calaña...  Si te seguís portando así voy a tener que llamar a Mía, a Marsellus Wallace, a Mr Pink o al Lobo, para que te den un par de palmaditas. Si hay algo que un director nunca debería concebir es hacer quedar mal a sus personajes y más si son personajes como estos. Vincent Vega y Jules Winnfield nunca hubieran aparecido en una película como Hostel.  Quentin, menos mal que no tuviste una participación como actor, eso ya hubiera sido demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-114584326997438951?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/114584326997438951'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/114584326997438951'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/04/royale-with-cheese.html' title='Royale with cheese'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-114410538369828690</id><published>2006-04-03T20:00:00.000-03:00</published><updated>2006-04-03T20:03:03.716-03:00</updated><title type='text'>Desaparezca aquí</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Me acuerdo cuando salió el programa televisivo Gran hermano. La versión española fue la primera que llegó al Río de la Plata y aunque no teníamos el vértigo del programa en vivo y en directo, lo mirábamos intrigados para ver de qué se trataba este raro proyecto que incluía debates y gente encerrada dentro de una enorme pecera por quien sabe cuanto tiempo. Como casi siempre ocurre con todo aquello que genera una pizca de polémica y otra de intriga o curiosidad a nivel mundial, otros programas de tele, internet, publicaciones en papel, etc, intentaron explicar cómo había surgido el proyecto y en qué se inspiraba un producto de tal magnitud.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es ahí, como de refilón, en donde vuelve a la palestra el escritor George Orwell, quien a fines de la década del 40 había plasmado en las páginas de un libro la visión futurista de el año 1984. Seguramente con el auge del Gran Hermano (el programa de tv) el libro debe haber vuelto a los escaparates de las librerías, justo ahí entre Bin Laden y gente como Osho. Se debe haber vendido en grandes cantidades para luego ser depositado en las distintas bibliotecas particulares a juntar tierra y a simbolizar una época en la que había pasado algo grande en la tv. Simplemente eso.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ayer terminé de leer "1984". Con el auge del Gran Hermano no lo había querido leer. Es que me negaba con cierta convicción a leer libros de la calaña que acabo de nombrar y el de Orwell pues, era parte de esa especie. Una vez que empecé a avanzar en la cantidad de páginas la idea del programa televisivo se fue esfumando de mi memoria hasta desvanecerse casi por completo. El "casi" sobrevive porque de todos modos había un paralelismo inevitable de trazar entre el show y la historia contada por Orwell. El tópico planteado simplemente es siniestro. Sin embargo es demasiado simplista la concepción metafórica de un ojo que todo lo ve.&lt;br /&gt;Orwell plantea un mundo en el que el totalitarismo es devorado por si mismo y vomitado por una gran boca hambrienta de poder. El poder será en esta concepción el único fin del Partido dominante. En el universo planteado por el autor, no existe ningún tipo de libertad individual (especialmente la de pensamiento) los derechos sociales ni siquiera son parte del pasado, porque en este mundo el pasado no existe. El sistema ejerce su coerción de la siguiente manera: allí donde haya un individuo habrá una tele pantalla que lo controle. Si la tele pantalla advierte que el individuo tiene un cambio de comportamiento distinto al impuesto por el partido (cambio de comportamiento incluye actitudes sospechosas, gestos o tics nerviosos) la persona será "evaporada", es decir desaparecerá sin dejar ningún tipo de rastro de su existencia. Esa evaporación incluye tiro en la nuca, previa tortura.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El protagonista de la historia, Winston, trabaja en el "Ministerio de la memoria". Es un empleado de archivos encargado de seleccionar material con contenido histórico noticioso y arrojarlo a un incinerador con el fin de no dejar ningún tipo de rastro sobre el pasado. Porque el partido, demás está decir, maneja los hilos del devenir a imagen y semejanza de sus ansias de poder. Este protagonista tiene ciertas similitudes con el personaje Neo de Matrix, película posmoderna que sin dudas toma elementos de "1984". Winston y Neo aparecen en ambas historias como los elegidos, ya que ambos son capaces de adquirir un grado de conciencia en universos que aparecen como la única verdad posible. En "1984" quien obedece al partido se entrega a él, no reconociendo como legítima otra posibilidad que no sea planteada por el Gran Hermano. Winston, al contrario de toda la sociedad tiene algo propio: su mente, porque para él, en oposición al partido, sí hay una diferencia entre actuar y pensar. Winston ha aprendido a dominar su carácter, sus gestos, su forma de hablar y lo hace sólo cuando es necesario y a favor del partido, pero sabe muy dentro de su mente, que esa no es la única realidad que ha existido en el mundo. Trabaja en el Ministerio de la memoria y, paradójicamente necesita desesperadamente conocer el pasado, pasado que se le escapa de las manos como los cientos de papeles que arroja día a día por el incinerador.&lt;br /&gt;Rompiendo las reglas que el miedo le impone, Winston adquiere un cuaderno y una lapicera, objetos que si eran encontrados en posesión de algún individuo éste sería gravemente penado, probablemente evaporado. El mayor temor del protagonista es la paranoia que le provoca saberse carnada de la policía del pensamiento, porque sabe que él piensa y en este sitio pensar es un delito.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Cómo controlar el pensamiento de los hombres sino se empieza primero por el lenguaje? El partido tiene ese aspecto previsto y en el año 1984 va por la décima edición del diccionario de la Neohabla. Ésta básicamente es reduccionismo en estado puro. Economía de palabras es economía de pensamiento. Todo lo escrito hasta el momento será re escrito en la Neohabla incluyendo a la literatura que sólo se conocerá por nuevas traducciones y, según el partido, las obras no sólo serán distintas al original sino que serán el polo opuesto de ellas mismas. La Neohabla implica en este caso, abolir las ambigüedades del lenguaje, no dar lugar a dudas, desterrar todo discurso autorreflexivo. No es raro que dentro de este contexto la literatura sea el primer enemigo a eliminar. El lenguaje connotado implica ideología, y si hay algo peligroso en el contexto de 1984 son las ideas y más si están organizadas. El lenguaje literario tiene carácter sugerente, la metáfora es aliada del pensamiento, del descubrimiento de nuevas relaciones en el mundo, por lo tanto será potencial enemiga de la doctrina partidaria. Winston lo sabe, por eso escribe&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-114410538369828690?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/114410538369828690'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/114410538369828690'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/04/desaparezca-aqu.html' title='Desaparezca aquí'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-114150966236959585</id><published>2006-03-04T19:59:00.000-02:00</published><updated>2006-03-06T18:45:12.306-02:00</updated><title type='text'>A  game of you</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace al menos un par de años saqué de la biblioteca el libro “A sangre fría” de Truman Capote. Junto a él también había sacado “Rayuela” de Julio Cortázar. Al empezar por éste último y considerando el lapso  que la biblioteca me acreditaba, devolví el primero sin haberlo leído. Lo único que había leído de Capote era “Música para camaleones” pero sentía que con a “Sangre fría” tenía una deuda especial. Sobre todo me generaba gran interés eso de que fuera considerada una “no fiction novel”, y más aún teniendo en cuenta que se le atribuía al autor haber creado ese género. Pasó el tiempo y pasaron ante mí otra cantidad de obras. Capote, como dije, seguía siendo una deuda pendiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace algunos meses llegó a mis manos un post impreso del blog &lt;a href="http://fuckyoutiger.blogspot.com"&gt;Fuck you tiger&lt;/a&gt; en donde se planteaba una polémica en torno al autor con un título que me fue imposible ignorar: “Truman Capote, una rata”, era la invitación del post. El cuestionamiento ponía en evidencia las motivaciones éticas de Capote cuando escribió “A sangre fría”. Nada se sabe de eso en la novela, porque el narrador no aparece en primera persona cuando cuenta los hechos que lo involucran directamente. De más está decir que por este entonces ya no pude postergar mi acercamiento al libro. Lo leí inevitablemente con todas las connotaciones que la renombrada polémica exigía. El argumento es por todos conocido: 1959, Kansas, asesinato de una familia entera, búsqueda de los asesinos, juicio y muerte. Capote logra sustraer la materia prima del hecho concreto y procesarla de tal modo, capaz de crear un estilo completamente único. Sólo Capote podría haber escrito “A sangre fría” y aunque suene arbitrario (de hecho sólo Baudelaire podría haber escrito”Las flores del mal” y así al infinito) no lo es, pues sólo Capote pasó por amigo de Perry Smith, el protagonista de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 24 de febrero se estrenó “Capote” película sobre el autor situada en la época donde éste escribe “A sangre fría”. Ya lo dijo Wilde: “Al público no debería contársele la vida privada de hombres y mujeres. El público no tiene absolutamente nada que ver con eso”. Máxima que Hollywood no parece tener en cuenta, sobre todo en los últimos tiempos en donde la palabra “biografía” sin dudas suena rentable, y más si el sujeto de la misma viene con conflictos de tipo “ético” bajo el brazo. Lo mejor de la película (sé que con esto no descubrí la pólvora) es la interpretación del actor que se pone en la piel de Capote, Philip Seymour Hoffman. Vale aclarar que existe un doble filo en esta afirmación. Uno puede considerar la buena o mala interpretación de actores que representan personajes originales ya que en ese caso no hay punto de comparación con un referente real. Capote muere en 1984, año en el cual quien escribe cumplía su primer ciclo de vida. Nunca vi al escritor en mi vida aunque más no fuera en algún documental, es decir, no baso la buena o mala actuación de Hoffman en una comparación trazando meras líneas de similitud; pero sí en el carácter inquietante de su interpretación. En el cine pagaste una entrada y si la película resulta un fiasco, no te queda otra que seguir mirando hacia delante. Sucede así, es la pantalla, la decepción y vos. No es el caso de “Capote”, no tanto por la película como sí por la actuación de Hoffman que destierra cualquier bache de indiferencia, pero sin caer en la exageración, logrando que el personaje se vuelva verosímil y no sobreactuado. Sin dudas la personalidad de Truman Capote es por lo menos ideal para ser plasmada en un largometraje de estas características. Un dandi gay de los años cincuenta, con una personalidad tan egocéntrica como frágil y a esas alturas periodista y escritor a punto de consagrarse definitivamente, son características para un protagonista perfecto dentro de la lógica hollywoodense. Y más considerando que la película se centra sobre todo en la ambigua relación que el escritor entabla con el protagonista de su libro, el asesino Perry Smith. Es ahí dónde se genera el mayor conflicto de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El transcurso de la película es lineal. No hay flash back ni preposteración. Son cuatro los años que transcurren desde que Capote conoce a Smith hasta que pone punto final a su libro. En el medio se hace amigo de Perry visitándolo asiduamente a la cárcel con el fin de recavar información para su obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En base a esto Capote empezó a avanzar en sus escritos pero había una piedra angular que le faltaba para concluir su historia: necesitaba escuchar de boca de Perry qué había sucedido aquel catorce de noviembre de 1959 en casa de los Clutter. Smith se negaba a contarle lo sucedido, por lo que Capote intercedió ante la justicia para que les aplazaran la pena a los asesinos que estaban condenados a muerte. Nunca pasó por la mente de Perry que ese no había sido un gesto de amigo sino una coartada por parte del escritor. Finalmente Smith le cuenta a Capote lo sucedido el día de los crímenes, confesándole que había sido él y no su compañero Dick, quien había disparado uno por uno a los integrantes de la familia. Capote había logrado lo que hacía cuatro años le quitaba el sueño, la confesión de su protagonista, columna vertebral del libro que lo consagraría. En una oportunidad Perry había preguntado a Capote cuál era el nombre de su libro, el escritor le contestó que no lo sabía cuando en verdad unos días antes le había dicho a Dewey (el investigador del caso) que su obra se titularía “A sangre fría”. Es decir, Capote ya tenía ese título (que no era cualquier título) para una historia que tenía como protagonista a un sujeto que lo consideraba amigo. Ahí aparece el conflicto ético de “Capote”. Porque una vez que tuvo concluido su libro, los asesinos todavía seguían vivos en la cárcel y con posibilidades de que les aplazaran nuevamente la pena. Capote quería publicar por lo que no intercedió nuevamente ante la justicia como en la ocasión anterior. La película, al centrarse en el proceso creativo de “A sangre fría” es un permanente desdoblamiento de la (no) ficción planteada por el autor, lo que por momentos contribuye a llenar los espacios vacíos que la misma obra impone.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si la actitud de Capote se vuelve reprobable no es sólo por lo que denota en sí, sino porque Perry Smith, tanto en la película pero sobre todo en “A sangre fría” es un personaje ambiguo que nos da la posibilidad de una especie de identificación por rechazo. Por más sutil que sea casi siempre hay un cierto lado humano en las descripciones que Capote hace de Perry, el asesino de una familia entera.&lt;br /&gt;“Trazó los medios, consiguió su fin y en el medio se encariño con Perry” podría rezar el slogan del afiche promocional. La consagración pesó más que su propia conciencia. Después de “A sangre fría” nunca volvería a concluir un libro. Algo habría quedado en el camino y las luces del éxito así dicen, cuestan luz.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-114150966236959585?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/114150966236959585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/114150966236959585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/03/game-of-you.html' title='A  game of you'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-113928070077807404</id><published>2006-02-07T00:45:00.000-02:00</published><updated>2006-02-07T00:51:40.796-02:00</updated><title type='text'>Ampliación del campo de batalla (II)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Supongo que Pascal Croci no se propuso crear un cuento de efecto. Cuando uno empieza a leer “Auschwitz” sabe desde el comienzo que no van a existir elementos que sorprendan desde el punto de vista de una narrativa que toma como telón de fondo un hecho real. Este hecho real es el holocausto judío perpetuado bajo el régimen de la Alemania nazi. La sorpresa corre entonces, por otro lado. No es la anécdota lo que importa, sino cómo hace el autor de este cómic para construir desde le punto de vista temático, una de las mejores novelas gráficas de los últimos tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cómic surge por un interés personal que se le despierta al autor cuando tenía diez años de edad. Cuenta Croci en la entrevista que se adjunta al final de la historia, que por aquel entonces quedó impactado por las imágenes de un campo de concentración que vio en un documental llamado “La puerta del infierno”. Más adelante, en 1993, asistió a una exposición de dibujos sobre deportados realizada en París. Es en ese contexto donde conoce a su primera testigo, de otros varios que conocería después y le ayudarían a componer su historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Croci crea dos protagonistas ficticios (Cessia y Kazik) que son llevados a Auschwitz junto a su pequeña hija. Los tres son separados al ingresar al campo (que no era de concentración sino de exterminio).&lt;br /&gt;Uno de los sucesos más dramáticos del relato ocurre cuando Kazik se entera de que su hija recibiría “tratamiento especial”, expresión utilizada por los nazis para referirse a la cámara de gas. Con tal de verla por última vez, Kazik se ofrece como voluntario para el Sonderkommando (grupo integrado por judíos encargados de retirar los cadáveres de las cámaras para luego incinerarlos). Se dice que nadie regresaba vivo de allí, ya que todos los del grupo constituían una fuerte amenaza para el régimen siendo potenciales testigos del horror. Una vez dentro del Sonderkommando, Kazik encuentra a su hija con vida entre los cuerpos de cientos de personas. Si bien el autor cuenta este episodio a través de personajes ficticios, este hecho concreto es tomado de un incidente real. Un testigo contó Croci que una muchacha de Transilvania había sobrevivido a la cámara de gas por haber quedado aplastada contra el piso húmedo. Como el Zyklon B no surtía sus fatales efectos en ambientes húmedos fue lo que le salvó la vida a la niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros en morir en la cámara eran los niños, porque en la carrera desesperada por la supervivencia, y como el gas salía del piso, eran literalmente aplastados por los adultos que se esforzaban, inútilmente, por trepar hacia la altura alejándose del gas. “...En este combate mortal, el padre ya no sabe si su hijo está ahí, debajo de él” le comenta un compañero a Kazik mientras avanzan rumbo a cumplir su tarea. Este tal vez sea uno de los pasajes más impactantes de la historia, tanto por los dibujos de Croci, que si carecen de efectos estilísticos es porque el autor quiso lograr una perspectiva relámete realista; como por el guión, que en esta parte del relato acentúa con crudeza y sutileza narrativa el horror de la cámara de gas, pero puertas adentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con este cómic el autor logra plasmar la idea que se había propuesto desde un principio: instaurar un debate filosófico acerca de las religiones que a lo largo de la historia de la humanidad han provocado las guerras más cruentas y la muerte de miles de inocentes. Esta postura la retrata sobre todo en un parlamento final cuando Ann, la hija sobreviviente de Kazik camina con su madre por el campo ya abandonado por los nazis, mientras aguardan la inminente llegada de los rusos. “Aquí es donde morí” reza la viñeta donde Ann mira con ojos demacrados las puertas destruidas de su propio infierno. “Gracias a dios por haber hecho de nosotros tu pueblo elegido, pero ¿no podrías haber escogido otro?”, es el cuestionamiento que Ann realiza desde su escuálida adolescencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como dije al principio la historia no sorprende, precisamente, por estar basada en un hecho histórico. Sin embargo conmueve, y plasma una temática que parecería imposible recrear en un género como éste. El cómic es entretenimiento y está bien, no vamos a pedirle moralejas, pero no está mal que de vez en cuando nos toque algunas fibras un tanto entumecidas.&lt;br /&gt;Con esta novela gráfica Croci no hizo más que contribuir (al igual que otros tantos guionistas del género) a que el cómic deje de ser un hijo bastardo en la inconsciencia colectiva. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-113928070077807404?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113928070077807404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113928070077807404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/02/ampliacin-del-campo-de-batalla-ii.html' title='Ampliación del campo de batalla (II)'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-113858842865183034</id><published>2006-01-30T00:32:00.000-02:00</published><updated>2006-01-30T00:33:48.670-02:00</updated><title type='text'>¡Un monstruo marino se comió mi helado!</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El año comenzó tranquilo, sin precipitaciones metafóricas pero con muchas de las otras, de esas que son los trompos preferidos del enojo cósmico.&lt;br /&gt;Me fui para el este las dos primeras semanas de enero. Un poco más acá de la punta y un poco más allá de Atlántida lo que indicaba una superación increíble de kilometrajes anteriores.&lt;br /&gt;“¡Tu vida es una vacación!” me comentó irónicamente un amigo el día que le dije “me voy quince días”.  O sea, tomé vacaciones para descansar de mi propio ocio, ocio que se traduce en culpabilidad ante la inminente búsqueda de un trabajo que no me viene a golpear las puertas de casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez instalada en el balneario empecé a repasar posible objetos olvidados en un lista que confeccioné cuando armé el bolso. El primer relámpago hizo que me diera cuenta de que había olvidado un elemento que sería fundamental en el posterior transcurso de  mis vacaciones: un poco de tela de avión y unos alambres son las partes de un todo imprescindible, sobre todo cuando llueve nueve o diez  días de los quince que dura tu estadía. Bueno, está bien, llueve constantemente, no tengo cartas, tampoco playa, pero tengo una pequeña tele Philips  blanco y negro que debería tener conexión para la Atari.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo transcurría tranquilo, unas vacaciones un tanto humedecidas lo que provocó que costara más prender la parrilla o cosas del estilo, pero bueno, no quedaba otra que adaptarse a las nuevas reglas de Enero, el tirano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo el 9 de enero fue un día espléndido. Con decir que pude pisar la arena y ver el sol de mañana y de tarde, no puedo agregar más nada. Esa noche mi acompañante y yo fuimos al supermercado y compramos una cerveza. Camino a la rambla mi acompañante me solicitó que la abriera, le dije que esperara a que nos sentáramos y listo. Encontramos una escalinata escondida que bajaba sinuosamente hacia la playa. Allí nos sentamos, allí justo en ese lugar un minuto más tarde la chapita de la cerveza me saltaría directo al ojo provocándome una úlcera en la córnea, diagnóstico que tendría 24 horas después de una noche de intenso sufrimiento. Noche, cabe aclarar, en la que mi acompañante cumplía años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un constante “auch!” digno de personajes de Groening paso la noche intentando pegar un ojo, viendo en la tele al Toto Da Silveira promocionando las virtudes de la clínica que le permitió ver sin lentes. El mundo no podría ser peor.&lt;br /&gt;Tenía la vista borrosa, si me tapaba el ojo sano no podía distinguir nítidamente cualquier cosa que estuviera a más de un metro de distancia. Apagué la tele e intenté dormir. Llevaba una hora de sueño cuando una puntada bajo el párpado  me despertó sobresaltada y llorando (lo cual empeoraba mi situación). Aguardé a que fuera una hora prudente para ir a la policlínica de salud pública más cercana (30 cuadras más o menos). Esa mañana llovía, estaba gris. Mejor, mi ojo no hubiera soportado un corrosivo rayo de sol. A propósito del ojo, a esas alturas estaba hinchado, chiquito, lloroso y con un intenso dolor que me perforaba la retina.  Luego de preguntar a  varios lugareños llegué, por fin, al centro asistencial público. Mejor que no te venga un ataque de apendicitis en La Floresta, mientras los funcionarios revisan la lista y deliberan cuánto tienen que cobrarte, probablemente mueras de una peritonitis aguda. O sea, daba lo mismo mi ojo (que a estas alturas seguro ya generaba lástima) que un abrojo clavado en el talón. “La consulta te sale 410 pesos” me dijo una enfermera de la que ya empezaba a sospechar. Estaba tan aturdida por el dolor que acepté la propuesta mientras pensaba “cualquier cosa mientras me curen este dolor insoportable”. Cuando de pronto consideré que por menos de esa plata me volvía a Montevideo, me atendía en mi asistencia médica y seguro me veía un oculista. Eso fue lo que hicimos mi acompañante y yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la sala de espera sentía todas las miradas sobre mi jodido ojo. En un gesto de solidaridad inusitada un señora propuso que yo debía pasar antes que todos los demás porque lo mío era urgente. El pibe que estaba por pasar no tuvo otro remedio que cederme su lugar. Las estampitas con su cara  vienen camino de la imprenta.  “Tenés una úlcera en la córnea” me dijo la doctora sin ningún tipo de prurito. Para quien nunca tuvo un problema en la vista el juicio me asustó un poco.&lt;br /&gt;Salí del consultorio con una venda que me tapaba la mitad de la cara. Y ahí, despacito por el corredor no podía soportar todos esos ojos puestos en mí. En la puerta del sanatorio un par de niños que vieron mi estado se escondieron asustados detrás de las piernas de sus padres. Me daba rabia e impotencia y maldije mi mala suerte por haber quebrantado mis vacaciones de esa forma. Debía quedarme una noche en Montevideo para volver a que me revisaran al día siguiente. Así fue, otra vez mi cara vendada recorriendo ese corredor. Salí del consultorio con el ojo “como nuevo” aunque reconozco que me sentí una bailarina en la oscuridad cuando en el test visual confundí un 7 con un 4, número que tiré al azar después de haberme equivocado. Era un cuatro efectivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví el 10 a las dos de la tarde. En el ómnibus parpadeaba y era conciente de que lo hacía. Fue una sensación rara.&lt;br /&gt;El ojo me dolió un poco cuando empecé a leer “Trópico de cáncer”. Los efectos secundarios son culpa de Bruguera.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-113858842865183034?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113858842865183034'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113858842865183034'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/01/un-monstruo-marino-se-comi-mi-helado.html' title='¡Un monstruo marino se comió mi helado!'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-113659353546095295</id><published>2006-01-06T22:18:00.000-02:00</published><updated>2006-01-06T22:25:35.473-02:00</updated><title type='text'>Con elegancia</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Hace tiempo que opté por dejar un poco de lado las salidas nocturnas. En verdad hace rato que las marquesinas de mi expectativa tienen varios tubos quemados. Los sábados se convirtieron en un día del que sólo espero algunas buenas horas de la puerta cancel hacia adentro. Hago una especie de vida post disturbio adolescente, ya no tengo la imperiosa necesidad de ir a ver bandas un fin de semana para poder colgarle el cartel de "no desperdiciado". Eso sí, hay una rutina de la que actualmente no puedo escapar: prender la tv el sábado de madrugada (a eso de la 1:30, cuando ya se respira domingo de resurrección) y sintonizar "Días de cine" en Televisión Española (canal 34, en mi cable).&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Tengo que hurgar mucho en la memoria para intentar encontrar algo que se le asemeje, al menos en nuestra carente tv local. Digo esto por varios motivos. En Uruguay nunca pudimos atestiguar lo qué es un buen comentario televisivo sobre algún acontecimiento cinematográfico. Nótese que digo "comentario" evitando el término "crítica" ya que sería en vano hablar de algo de lo que ni siquiera se tiene una noción aproximada. Acá no se puede hablar de nueva crítica, porque ni siquiera existe una anterior con que se la pueda comparar. Acá existen las paráfrasis de discursos mal digeridos, que devienen, indefectiblemente, en una suerte de indigestión conceptual.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Vuelvo entonces a "Días de Cine" mi programa semanal de los sábados post medianoche.&lt;br /&gt;Si tengo que rastrear méritos, puedo resaltar sin duda a un par de los muchos que tiene el programa.&lt;br /&gt;En primer lugar no puedo dejar de mencionar al conductor y director. En la duración total de la emisión las apariciones de Antonio Gasset (o conductor con más carisma de los últimos tiempos) no duran más de unos quince minutos en total sumando todas sus intervenciones. Tampoco se le pide mucho más, porque el tipo parece tener bien en claro que para expresar una idea inteligente no se necesita un programa de cuatro horas de duración.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Este tipo, pues, personifica una especie de convicción anti híbridos. Siempre habla en primera persona, o sea, se hace cargo de lo que dice obviando el vicio retórico de "se comenta que..." utilizado sobre todo en los programas periodísticos de entrevistas, en donde el entrevistador complaciente evita formular juicios que puedan incomodar al invitado.&lt;br /&gt;La improvisada verborragia de Gasset le sale demasiado bien si lo que pretende es mostrar una cierta impostura.&lt;br /&gt;A veces me pregunto cuáles serán las movidas que permiten que este conductor siga dirigiendo su programa en una cadena como tv Española, caracterizada por tocar con su varita mágica intervensionista a cada producto que pone al aire. Tal vez suponen que un programa sobre cine con un cincuentón al frente no va a propagar demasiado discurso que pueda molestar. Mejor así, para nosotros, que tenemos la posibilidad de seguir viéndolo.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Si hay algo que diferencia a "Días de cine" de otros programas de su rubro no es tan sólo su conductor (a estas alturas habrán notado que el tipo me agrada) sino la dinámica de los informes que presenta. Estos son creados por personas de las que sólo conocemos el nombre y está bien que así sea, ya que para el estilo de programa que quieren realizar, no sería tan efectiva la presencia de columnistas junto al conductor. Eso le quitaría sobriedad y se acercaría más a una especie de debate abierto. El mundo no necesita más talk shows.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Los informes no se agotan en una simple apreciación de la película de turno (por supuesto destierran lugares tan comunes como vulgares del tipo "Un canto a la vida") sino que es ésta la excusa para bucear en todas sus intertextualidades.&lt;br /&gt;Cada informe tiene su estilo pero básicamente se respeta la fórmula de la retrospectiva rastreando la evolución de algún actor, director, guionista, etc.&lt;br /&gt;A veces sucede que como espectador uno se encuentra ante tanta información relevante que termina por olvidarse de la película que se había estrenado. La sensación que te deja el programa es la de que todavía quedan personas que tienen ganas de hablar sobre cine en serio y no pierden un minuto de la generosa hora semanal que Tv. Española les proporciona.&lt;br /&gt;Un programa de tele al fin y al cabo, pero con elegancia, que no es poco.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-113659353546095295?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113659353546095295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113659353546095295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2006/01/con-elegancia.html' title='Con elegancia'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-113503128993013871</id><published>2005-12-19T20:26:00.000-02:00</published><updated>2005-12-19T20:31:01.803-02:00</updated><title type='text'>A Pat Morita (que no es una marca de televisores).</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“Para aprender a golpear&lt;br /&gt;primero hay que aprender equilibrio”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es más o menos como el Chavo. No hay una generación específica que tenga la potestad de hablar sobre él. No es necesario tener canal Retro para que una persona sub 25 se entere de quién fue Pat Morita, como sí sucede con personajes como Maxwell Smart o algún otro de esos que se ganan el atrio de la simpatía por ostentar un status de “soy cool porque alguna vez intenté serlo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguna vez hubo una Karate Kid, luego otra, después otra y hasta una cuarta con protagonista femenina practicando un papel de boy don’t cry.&lt;br /&gt;El señor Miyagi sobrevivió a esas cuatro producciones (el adjetivo “súper” lo dejamos para los héroes porque Miyagi nunca fue uno). Tampoco Daniel Sam fue un héroe, pero bueno, bien sabemos que siempre se llevó los méritos en el happy end.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pat Morita murió, no sé si de viejo o por un achaque de la edad. No soy fan de Karate Kid pero las vi todas y más de una vez. Me acuerdo de haber visto la primera una tarde lluviosa de un veinticinco de diciembre de algún anquilosado año. Mi hermano estaba con un amigo (que años después tendría que irse del país por alguna irregularidad delictiva) y me acuerdo que ejercieron su régimen-zapping-dictatorial en una época en la que el privilegio de tener un buen cable consistía en que no se te enredase el rulo del teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue como conocí al señor Miyagi. Así fue como me enojé observando cómo Daniel Sam se sometía a aquel severo tutelaje (Pai Mei no lo hubiera hecho mejor). De todos modos al final de la peli todos contentos: aquel protagonista debilucho se salía con la suya mientras Miyagi miraba, desde un rincón, con aquella mirada inmortal que sólo los sabios japoneses de ficción pueden tener.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-113503128993013871?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113503128993013871'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113503128993013871'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2005/12/pat-morita-que-no-es-una-marca-de.html' title='A Pat Morita (que no es una marca de televisores).'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-113382426780968860</id><published>2005-12-05T21:09:00.000-02:00</published><updated>2005-12-05T21:13:21.866-02:00</updated><title type='text'>El anecdotista</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mia- ¿No odias eso?&lt;br /&gt;Vincent- ¿Odiar qué?&lt;br /&gt;Mia- Los silencios incómodos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El anecdotismo. Es una adicción. Cada detalle minúsculo de mi vida se transforma en una pieza de colección. Bares, paradas de autobús, la oficina, todo se convierte en un espacio teatral improvisado...&lt;br /&gt;Casi nunca se da un incidente especial. Disponer de un motivo, un suceso o una coincidencia extraña es cosa de principiantes. Cualquiera puede hilvanar una historia contando cómo se quedó encerrado fuera de casa y desnudo mientras bajaba tocando por la calle una banda del ejército de salvación. Sólo un verdadero anecdotista se puede explayar relatando un intento fallido de ajustar un termostato a la pared.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extraído de “La representación de la realidad” de J. Potter&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segundo post y por si acaso, esto es una anécdota. Acaba de llamarme el emisario para darme la noticia de que mi blog ya estaba subido. El pequeño detalle es que no se llama como yo quería porque ya hay otro sitio con ese nombre. Pretendía denominarlo “Juguete rabioso”. O sea, mi blog tiene un nombre que yo no elegí. La ceguera está al borde de volverse trágica.&lt;br /&gt;Una vez hace mucho, probaba un cassette en un grabador de mano. La verdad es que siempre me intimidó inmortalizar la voz en algún sitio y más si se trata de palabras improvisadas. Entonces tomé un libro de Bukowski y grabé las primeras líneas de un relato. “Escrito en la ventanilla”. Cuarta frase antes del punto.&lt;br /&gt;“Peso neto cuatro onzas” no hubiera estado tan mal.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-113382426780968860?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113382426780968860'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113382426780968860'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2005/12/el-anecdotista.html' title='El anecdotista'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19541659.post-113361344662905634</id><published>2005-12-03T10:35:00.000-02:00</published><updated>2005-12-03T10:37:26.630-02:00</updated><title type='text'>Buscando leit- motiv</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Me obligaron a tener un blog. No sé por qué siempre le tuve miedo a la libertad del anonimato. Además no tengo Internet, es decir hace más de un año y medio que la pantalla de mi pc no me lanza un “estado marcando” o algo como “sitio web encontrado, esperando respuesta”. Sí, el existencialismo de la nueva era consiste en adiestrar párpados frente a un monitor partido.&lt;br /&gt;Estoy escribiendo esto sabiendo que no va ser posible que yo misma suba estas líneas. La persona que me obligó a tener un blog va a ser el emisario de mis palabras, diskette en mano, por supuesto. En su trabajo tienen Internet. Espera respuesta todos los días. &lt;br /&gt;Espero que el diseño del blog haya quedado lindo. Le encargué al emisario que le pusiera color violeta. Experimento algún tipo de ceguera, que no es trágica, pero casi. No puedo conocer lo que yo misma trato de inventar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es todo por hoy. El maní japonés me espera sobre la mesa del comedor.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19541659-113361344662905634?l=escritoenlaventanilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113361344662905634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19541659/posts/default/113361344662905634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://escritoenlaventanilla.blogspot.com/2005/12/buscando-leit-motiv.html' title='Buscando leit- motiv'/><author><name>Clementina</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04562397628767041289</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry></feed>
